

Prende su celular. Le aparece un video de un tema que le interesa. Desliza, y sin saberlo, usted ha firmado una sentencia de varias horas frente a la pantalla: mientras veía ese primer contenido, el algoritmo ya le ha preparado veinte o cincuenta videos para las próximas horas de temas que ni buscaba, ni sabía que le interesaban —o, quizás sí reconoció lo que no le interesaba, ni le aportaba— y, aun así, se quedó en el llamado scroll o desplazamiento infinito.
Prende su celular. Le aparece un video de un tema que le interesa. Desliza, y sin saberlo, usted ha firmado una sentencia de varias horas frente a la pantalla: mientras veía ese primer contenido, el algoritmo ya le ha preparado veinte o cincuenta videos para las próximas horas de temas que ni buscaba, ni sabía que le interesaban —o, quizás sí reconoció lo que no le interesaba, ni le aportaba— y, aun así, se quedó en el llamado scroll o desplazamiento infinito.
¿Cómo prevenir el haber caído en ese círculo?, ¿no encontró mecanismos para saber cuándo parar?, ¿ y si el celular pusiera límites a las apps donde no calculamos en qué momento nos disociamos de nuestra realidad?
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En 2006, Aza Raskin, ingeniero y cofundador del Centro de Tecnología Humanitaria, inventó el que hoy conocemos como desplazamiento infinito para las aplicaciones. Veinte años después, Raskin anota —en cada entrevista que puede— cuánto se arrepiente de haber creado tan perjudicial invento para la humanidad: el scroll, pensado como una forma de navegación para sitios web más simple, ahora es un ladrón de vida y tiempo.
Circuito de recompensa
En una entrevista para la BBC, la profesora de psicología Éilish Duke, de la Universidad de Leeds Beckett, explicó que el cerebro busca naturalmente ser recompensado a través de centros neuronales que reaccionan al placer, lo que genera ese golpe de placer o búsqueda de novedad que deseamos repetir una y otra vez. Y, de acuerdo con el psicólogo colombiano William Guerrero, este sistema de recompensa se ve exacerbado por un diseño de aplicaciones que alimenta nuestra predisposición evolutiva a querer saber siempre qué está pasando para sobrevivir. En este contexto, la profesora de psiquiatría en la Universidad de Nueva York, Ariane Ling, anotó —también para la BBC— que el impulso de tomar el celular se comporta como un antojo que crece como una ola, donde el cerebro nos notifica que no ha consumido esa dopamina en un tiempo y nos empuja a buscar “un poco más” en la pantalla.
Esta pérdida de control que terminamos teniendo no es accidental, sino que responde a una estrategia de diseño que elimina deliberadamente las “señales de cierre”. En nuestro mundo físico —como la psicóloga Patricia Ramírez explica para la Corporación de Radio y Televisión Española— los medios tienen finales naturales: “Un periódico tiene una última página; un libro, un punto final, y una película llega a sus créditos”. Sin embargo, el scroll infinito borra cualquier pausa natural, impidiendo que el cerebro reciba el estímulo visual de que la tarea ha terminado.
Al desaparecer este ‘freno’ se elimina el momento de reflexión necesario para decidir si vale la pena seguir conectado, convirtiendo la navegación en un acto inercial. Ramírez agrega que, dentro de este flujo ininterrumpido, el usuario se vuelve más proclive a tomar decisiones automáticas e impulsivas, porque esa falta de elementos que corten el desplazamiento reduce su atención consciente y también su memoria.
Para combatir este diseño, la recomendación de la española es la creación de “finales visibles” artificiales, como activar alarmas cada 15 minutos que funcionen como un interruptor externo, rompiendo el estado de flujo y devolviéndole la consciencia necesaria para soltar el dispositivo.
Esta técnica puede ser útil para que haya una mayor consciencia del tiempo, pero, en general, usted puede configurar de varias formas su dispositivo y mente para acabar con este nocivo patrón.

Lo que usted puede hacer
◉ Mindfulness’ digital: los psicólogos también proponen la regla de las 24 horas: si ve algo que quiere comprar o consumir impulsivamente, espere un día entero para evaluar si realmente lo necesita.
◉ Sustitución física: algo tan simple como volver a usar un reloj de pulsera en lugar de mirar la hora en el celular o preferir los libros físicos a los archivos digitales reduce drásticamente las caídas accidentales en el scroll infinito.
◉ Distancia física estratégica: a veces, la mejor herramienta no es mental, sino de espacio. Dejar el teléfono celular fuera del alcance durante momentos de concentración o descanso es más efectivo que cualquier advertencia en pantalla. Si el teléfono está en otra habitación mientras trabaja o estudia, rompe el hábito automático de “revisión rápida” que, según estudios, ocurre con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.
Herramientas que vienen con el celular
◉ Tiempo en pantalla: desde el menú de ‘Ajustes’ en Android y iOS se puede asignar un tiempo máximo de uso diario para cualquier aplicación.
◉ ‘Focus mode’: seleccionar las aplicaciones que más le quitan tiempo y pausarlas por completo durante horarios específicos, como su jornada laboral o de estudio. Mientras esté activo, no recibirá notificaciones ni podrá entrar a ellas.
◉ El ‘punto de pausa’ de Android 17: es una actualización que introduce un margen de diez segundos de reflexión justo antes de intentar abrir una red social. Esta posibilidad está diseñada para que usted pueda respirar, configurar un temporizador rápido o simplemente decidir no entrar, rompiendo el impulso automático.
◉Modo descanso: permite programar que, a partir de cierta hora, la pantalla cambie a escala de grises, lo que vuelve su celular mucho menos estimulante.
◉ Desactivar la reproducción automática: esta es una acción vital dentro de los ajustes de cada red social (Instagram, YouTube, TikTok). Al desactivarla, el usuario obliga a su cerebro a tomar una decisión consciente: si hacer clic o no, antes de que empiece un video.
◉ Limpiar el algoritmo: puede borrar periódicamente el historial de búsquedas y visualización dentro de las plataformas. Esto ‘resetea’ lo que el algoritmo sabe de su perfil, interrumpe las predicciones tan afinadas y le devuelve un feed menos personalizado y, por tanto, menos ‘enganchador’.
El algoritmo: el encargado de su programación
¿Quién le entrega nuestra atención al scrolleo?
El cómplice es el algoritmo de machine learning, una secuencia de instrucciones diseñada no para informarnos, sino para predecir nuestro próximo antojo. Cada segundo que una persona se detiene en un video, cada búsqueda y cada ‘me gusta’ es una lección que le da a la máquina sobre cómo funciona su mente. El problema es que el algoritmo no tiene un sentido moral ni de propósito: su única meta es que usted no se vaya. Por eso, lo que empieza como una búsqueda inocente puede derivar, tres horas después, en una espiral de contenido trágico o irrelevante. Entender que no es usted quien elige el contenido, sino una herramienta matemática que aprende de su debilidad, es el primer paso para recuperar el control de su tiempo.
“El Tiempo” de Colombia, GDA
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