La historia empieza así: en el 2021, cuando el Perú afrontaba la segunda ola de COVID-19, la más mortífera de todas, era más que evidente la incapacidad nacional para identificar y controlar brotes de enfermedades infecciosas. Sin un sistema de vigilancia capaz de atender a todas las regiones, el diagnostico oportuno de cualquier enfermedad contagiosa era casi imposible. Ese año, el Perú y el Banco Mundial (BM) firmaron un acuerdo de financiamiento para crear un sistema de vigilancia robusto en 25 departamentos del país. Cuatro años después, tras los efectos aún no superados de la pandemia y dos años con los picos más altos de dengue en la historia peruana, el Ministerio de Salud decidió cancelar el convenio.

Merlín IA

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