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Entre los pocos artistas que sobreviven a una boy band, Robbie Williams es, quizá, uno de los que estuvo al borde del colapso en más de una ocasión y, aun así, consiguió alcanzar un éxito de talla internacional. Lo diferente en su historia —además de haber sobrevivido a las drogas, el alcohol y la depresión— es su propia conciencia de esos excesos y su capacidad para bromear sobre una vida que, ayer por la noche en Arena 1 Park, formó parte de la narrativa de su primer concierto en Lima.
Entre los pocos artistas que sobreviven a una boy band, Robbie Williams es, quizá, uno de los que estuvo al borde del colapso en más de una ocasión y, aun así, consiguió alcanzar un éxito de talla internacional. Lo diferente en su historia —además de haber sobrevivido a las drogas, el alcohol y la depresión— es su propia conciencia de esos excesos y su capacidad para bromear sobre una vida que, ayer por la noche en Arena 1 Park, formó parte de la narrativa de su primer concierto en Lima.
La ventaja ahora del cantante británico es su lista de hits. “Una maldita cantidad de hits, hits y hits”, remarcó Williams, quien interpreta como tercer tema “Rock DJ”, canción que tuvo uno de los videoclips más virales e inquietantes de Internet. Una canción que provocó su censura en varios espacios, aunque solo sumaron mayor popularidad al cantante que hoy se reconoce como “una estrella de pop internacional”.

Entre tema y tema, Williams se comporta como un cómico que de vez en cuando se acuerda de que también canta. Es parte de la performance. Hace chistes, arma competencias entre hombres y mujeres del público y lanza preguntas que ya traen la respuesta incorporada. “¿Creen que mis mejores momentos están en el pasado?“, dispara, y el público grita que no. ”¿Creen que soy un gordo bailarín?“, insiste, y otra vez el coro responde con un no rotundo. Es el ritual de un hombre que pregunta justo lo que necesita escuchar, y cuya historia, más que en biografías, se puede apreciar en cada tatuaje que recorre su cuerpo.
La cercanía con su público llega pronto, y no solo en sentido figurado. En “Strong”, la cuarta canción, Williams se acerca al público por una pasarela que lo lleva hasta el corazón de la multitud, el mismo recurso que ya había usado en su gira de estadios del año pasado. Ahí, varias personas lo abrazan de la cintura, hasta que una mano se cuela por debajo de su espalda y él la corrige con calma, sin perder la sonrisa ni romper el clima festivo. Desde esa pasarela alcanza a ver, entre la marea de celulares en alto, más de un cartel de “Cásate conmigo” agitándose con fuerza, aunque ninguno de esos carteles terminará protagonizando el momento romántico de la noche.
Ese momento le corresponde a Alana, una fan a la que Williams intenta subir al escenario más adelante. Al enterarse de que es brasileña, le pide que diga que es peruana, y ella sube entre risas. Se abrazan, se miran, pero el beso que él suele regalar en otros conciertos no llega, quizás porque en el dedo de la chica había un anillo que, a simple vista, pasaba inadvertido. Lo acompaña, durante toda la noche, un grupo de bailarinas que lo siguen a todos lados, aunque la cercanía física termina siendo apenas la mitad de la historia, porque la otra mitad, la más difícil de escenificar, es emocional.

Un autoconvencido narcisista
Williams es, a la vez, narcisista e inseguro, y esa contradicción define el tono de la noche. Se sabe estrella y lo demuestra, pero cada cierto tiempo sus ojos buscan en el público aquello que le es difícil reconocer en sí mismo. Esa duda constante explica también el repertorio, que apuesta de manera continua por un despliegue de covers que le aseguran que el público cantará, a pesar de sus múltiples éxitos musicales. Para conocer sus intenciones basta con ver “Better Man”, la película biográfica en la que un mono interpreta a Williams y que fue construyendo esa personalidad que mezcla la vanidad con la autoburla, y que prefiere arrojarse al vacío sabiendo que al final lo espera una colchoneta.
El libreto, en buena parte, es el mismo que Williams presentó en Colombia, y eso incluye el tramo más confesional. Vuelve a hablar de sus problemas personales, de cómo su esposa y sus hijos lo salvaron y de cuánto los ama, pero sin perder el tono irreverente que lo caracteriza. “No hago esto por gloria o fama, sino porque tengo cuatro hijos en casa que mantener”, suelta entre risas, y entre la broma y la confesión la frontera vuelve a ser casi invisible. Él lo sabe y, por eso mismo, lo repite.

Hay pasajes, sin embargo, que, a pesar de ser una repetición de otras presentaciones, siguen teniendo su propio encanto. El guitarrista lo provoca con un fragmento de “Yellow”, de Coldplay, y Williams protesta. Luego toca “Wonderwall” y de inmediato Williams refunfuña para luego contar una anécdota con Oasis. Recuerda aquella llamada a Noel Gallagher para ofrecerse como voz de Oasis, propuesta que Noel respondió con una carcajada antes de colgarle. Luego llega una dinámica en la que se tocan fragmentos al azar de su propio repertorio para comprobar si el público los reconoce, y el resultado es poco alentador, porque no aciertan ni dos. En el tramo acústico suenan pasajes de “Angels”, “Millennium” y “Candy”, además de una versión casi completa de “Wonderwall”, de Oasis. En “Supreme”, de yapa, cambia el verso que nombra a Londres por Lima, un guiño que la platea recibe como propio y que corea de inmediato.
Y entonces llega el quiebre. Tras varias canciones y bromas, Williams cuenta, casi sin previo aviso, que su padre, quien lo acompañó en otras giras, tiene Parkinson y se encuentra mal. Es una enfermedad que el propio cantante hizo pública en 2020, y él mismo ha contado antes que su padre, que solía cantar a su lado cada noche, hoy ya no puede salir de casa. El público, que segundos antes coreaba y bailaba, se queda en un silencio breve mientras Williams recompone la sonrisa para continuar el show.

Un gran showman
Tras varias canciones, llega la lluvia de serpentinas, que vuela por los aires y termina cubriéndolo por completo. “Esto, les juro, no estaba previsto”, menciona el artista, que ya tiene conquistado al público, uno que repite las letras, pero desafina. Robbie Williams no lo hace. Sabe hasta qué nota puede llegar y, cuando es necesario, rebaja un tono la canción para mantenerse dentro de sus propios límites.
Después de buena parte del show, Williams presenta a su banda y cada integrante lanza un tema que él acompaña cantando o simplemente respalda. Suenan “Paranoid”, de Black Sabbath; “Another One Bites the Dust”, de Queen; “Back in Black”, de AC/DC; “I Wanna Dance with Somebody (Who Loves Me)”, de Whitney Houston; “Y.M.C.A.”, de Village People; “We Are the Champions”, de Queen, y “Hey Jude”, de The Beatles. Es también el tramo más teatral de la noche, con un abrigo felpudo rojo primero y un disfraz rosa después, con el que canta “Theme From New York, New York”.
El resultado es un show que funciona por la fuerza de su repertorio y el carisma de un artista que ya no necesita demostrar nada, aunque insista en preguntarlo cada pocos minutos. “My Way”, de Sinatra, cierra el bloque antes del bis, donde se despide con “Feel” y “Angels”, mientras en la platea los últimos monos de peluche y las últimas pancartas de amor se agitan una vez más, antes de la espera de su segundo concierto, un sold out que Williams espera esté a su altura, o él a la nuestra. Con un personaje como el cantante británico, es difícil saberlo.
- "Let Me Entertain You"
- "Let Love Be Your Energy"
- "Rock DJ" ( Precedida por fragmentos de "Feel", "Minnie the Moocher", "Land of 1000 Dances" y "Boom Boom Boom")
- "Strong"
- "Pretty Face"
- "Love My Life"
- "Supreme" (Cambió la línea "All the lonely hearts in London" por "All the lonely hearts in Lima")
- "Sexed Up"
- "Angels" / "Millennium" / "Candy" / "Wonderwall" (Con Thom Rylance, en formato acústico)
- "Wonderwall" (Versión de Oasis, con Thom Rylance, en formato acústico)
- "Better Man"
- "Millennium"
- "Theme From New York, New York" (Versión de la canción de John Kander)
- Medley durante la presentación de la banda ("Paranoid" / "Another One Bites the Dust" / "Back in Black" / "I Wanna Dance With Somebody (Who Loves Me)" / "Y.M.C.A." / "We Are the Champions" / "Hey Jude")
- "Come Undone"
- "Kids"
- "She's the One" (Versión de World Party)
- "My Way" (Versión de Paul Anka, adaptación de "Comme d'habitude")
Encore
- "Feel"
- "Angels"

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