¿Trump abre la puerta a BYD y otras marcas chinas en Estados Unidos?
El presidente estadounidense dijo que no tendría inconvenientes con que fabricantes chinos construyan plantas en su país, siempre que generen empleos para trabajadores estadounidenses. La posibilidad contrasta con las restricciones que Washington mantiene sobre los vehículos fabricados en China
Durante los últimos años, Estados Unidos ha mantenido una posición restrictiva frente a la llegada de carros fabricados por marcas chinas. Sin embargo, una reciente declaración de Donald Trump abrió una posibilidad que podría modificar el escenario: el presidente estadounidense afirmó que aceptaría que compañías de China instalen fábricas de vehículos en territorio estadounidense, siempre que contraten trabajadores locales.
Durante los últimos años, Estados Unidos ha mantenido una posición restrictiva frente a la llegada de carros fabricados por marcas chinas. Sin embargo, una reciente declaración de Donald Trump abrió una posibilidad que podría modificar el escenario: el presidente estadounidense afirmó que aceptaría que compañías de China instalen fábricas de vehículos en territorio estadounidense, siempre que contraten trabajadores locales.
La declaración fue realizada durante una entrevista con Fox News y marca una diferencia frente a la importación directa de vehículos terminados desde China. Trump señaló que no tendría inconvenientes con que una compañía china construya una planta en Estados Unidos y puso como referencia a fabricantes japoneses que instalaron fábricas en el país y emplean mano de obra estadounidense.
Fabricar únicamente en EE.UU.
La condición planteada por Trump es clara: la producción tendría que realizarse dentro de Estados Unidos. El mandatario también marcó distancia con la posibilidad de que una marca china fabrique sus vehículos en México y posteriormente los exporte al mercado estadounidense.
Esto es relevante para compañías como BYD, Geely o Chery, que han incrementado su presencia internacional y buscan nuevos mercados para sus vehículos eléctricos, híbridos y de combustión.
El planteamiento, sin embargo, no significa que estas marcas puedan comenzar a vender libremente sus carros en Estados Unidos. Las declaraciones de Trump no constituyen por sí mismas una modificación de las actuales restricciones comerciales y regulatorias.
De hecho, la relación entre Washington y los fabricantes chinos continúa siendo compleja. La administración estadounidense mantiene una política de presión sobre determinadas tecnologías y cadenas de suministro vinculadas con China.
/ STR
¿Qué cambiaría para BYD?
Para una compañía como BYD, fabricar localmente podría convertirse en una alternativa para acercarse al mercado estadounidense sin depender de la importación de vehículos terminados desde China.
La empresa ha acelerado su expansión internacional. Durante el primer semestre de 2026, el 53% de sus ingresos procedió de mercados fuera de China, una señal de la importancia que tienen sus operaciones internacionales.
Además, BYD está apostando por la producción local en otros mercados. En Europa, por ejemplo, prepara una planta en Hungría que comenzaría su producción masiva en 2027, como parte de una estrategia para fabricar más cerca de sus consumidores y reducir el impacto de las barreras comerciales.
El mercado estadounidense, sin embargo, presenta una dificultad adicional: la preocupación de Washington por la tecnología china utilizada en componentes y vehículos.
Ford quedó en medio del debate
La discusión coincide con las críticas que la administración Trump ha dirigido recientemente a Ford por sus vínculos comerciales y tecnológicos con empresas chinas.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, cuestionó las relaciones de Ford con compañías como CATL, Geely y BYD. Entre los asuntos señalados está la tecnología de baterías licenciada por CATL para la planta BlueOval Battery Park de Ford en Michigan. La compañía estadounidense ha defendido estos acuerdos y sostiene que mantiene el control de sus operaciones.
El caso muestra que la eventual llegada de fabricantes chinos no dependería únicamente de construir una fábrica. También entrarían en discusión la propiedad intelectual, las tecnologías utilizadas, las cadenas de suministro y las condiciones de seguridad que Washington considere necesarias.
Por ahora, ninguna de las principales marcas chinas ha anunciado una planta de producción de vehículos en Estados Unidos a raíz de las declaraciones de Trump.
La posibilidad, sin embargo, abre un nuevo capítulo en la expansión mundial de la industria automotriz china: Estados Unidos podría aceptar que sus fabricantes produzcan dentro de su territorio, pero bajo condiciones que prioricen la fabricación local y el empleo estadounidense.