Por Enrique Planas

Como un efecto mariposa, una historia de ajedrez activa otra: En 1972, Bobby Fischer enfrenta al entonces campeón, el soviético Boris Spassky, en el Mundial de Ajedrez celebrado en Reikiavik, Islandia. Al otro lado del mundo, en una chacra en Camaná, un hombre se emociona con el triunfo del estadounidense y decide comprar a sus hijos un tablero, siendo Julio, el menor, quien hará las mejores partidas. El gran maestro Julio Granda recuerda sus inicios, suma anécdotas y sintetiza lo aprendido en su libro “Guía para ser un maestro de ajedrez” con la expectativa de generar nuevos apasionados del deporte ciencia.

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