RespuestasPara entender lo que fue el primer concierto de Bad Bunny en Lima es necesario vivir la experiencia: un par de canciones criollas peruanas antes del show, unos amigos que te empujan a gastar hasta el último centavo y una frase simple, pero certera, que inicia el concierto: “Un aplauso pa mami y papi porque en verdá rompieron”. El resto de la noche del viernes se resolvió en clave tropical caribeña y en la euforia de miles de fans que, al unísono, corearon el nombre del fenómeno urbano que se presentó en el Estadio Nacional: Benito.
Para entender lo que fue el primer concierto de Bad Bunny en Lima es necesario vivir la experiencia: un par de canciones criollas peruanas antes del show, unos amigos que te empujan a gastar hasta el último centavo y una frase simple, pero certera, que inicia el concierto: “Un aplauso pa mami y papi porque en verdá rompieron”. El resto de la noche del viernes se resolvió en clave tropical caribeña y en la euforia de miles de fans que, al unísono, corearon el nombre del fenómeno urbano que se presentó en el Estadio Nacional: Benito.
El furor se sentía desde los cientos de taxis que colocaban algún tema para calentar el ambiente desde el tráfico, mientras en los alrededores del Estadio parlantes improvisados ponían en evidencia semanas de preparación para el momento. Otros tantos invirtieron gran capital en merchandising no original, pero sí creativo. Sorteando puestos de comida, y tras una recepción en forma de camaritas con luces en su interior, ritmos puertorriqueños dieron inicio a la noche, cortesía del cuarteto invitado para la apertura: Chuwi.

De forma puntual, Bad Bunny apareció junto a Los Sobrinos, orquesta que lo acompaña desde Puerto Rico y que lo seguirá hasta el final del tour en Bélgica. Esa decisión marcó el tono del show desde el inicio: traer al Perú la cultura puertorriqueña. A los pocos minutos apareció el primer hit, “Callaíta”, reinterpretado en versión salsa. “Estoy muy contento de poder cantar estas canciones con ustedes esta noche. Se me había olvidado que aquí era otra cosa, que aquí se disfruta y se baila… y, por si hay duda: si hay alcohol, hay playa”, dijo el artista, y la noche continuó.
Cada golpe de conga encontraba su eco en la tribuna; cada gesto del artista era respondido por miles de gritos, mientras algunos repetían de memoria las letras de los temas y los speeches del Conejo. “WELTiTA”, “BAILE INoLVIDABLE” y “Nuevayol” fueron envolviendo la primera parte del show en el Estadio, mientras el escenario —ubicado de forma poco habitual, adelantado hacia una zona donde normalmente hay asientos— se pobló de bailarines y fuegos artificiales que explotaban con precisión.

No me quites el perreo
El Sapo Concho hizo su aparición estelar en la pantalla para soltar jergas peruanas —“causitas”, “bravazo”, “mostrito”— y alabar la gastronomía, ganando tiempo para que el artista se dirija al otro extremo del Estadio, donde una casa al estilo puertorriqueño se iba llenando de fans y de la repentina aparición de Natalie Vértiz.
Vestido con una casaca y un short de la selección peruana de fútbol, inició el tema “Tití me preguntó”, no sin antes confundirse gritando: “¡Chile!”. Se abrió paso entre los invitados, se posicionó frente a todos y le siguieron temas como “Neverita” y “Si veo a tu mamá”. Con el show casi a la mitad, el equipo decidió acercarse aún más al público junto al artista. Saludó, dio la mano, sonrió con complicidad ante las cámaras y seleccionó a una entre los más de 43 mil asistentes. La invitó a La Casita y tras unas breves instrucciones, ella tomó el micrófono y se posicionó junto a DJ Orma —quien horas después tocaría en el after de La Quinta de Miraflores— para gritar: “Acho, ¡PR es otra cosa!”, aperturando el tema “Voy a llevarte pa’ PR”.

Las camaritas con luces iluminaron el Estadio, convirtieron cada golpeteo en una experiencia visual y configuraron, como pudieron, la bandera de Puerto Rico. Aparecieron los infaltables: “Me porto bonito”, “Yo perreo sola” y “Efecto”, pero no fue hasta “Safaera” que el cuerpo cedió por completo. La gente perreó alrededor de La Casita, en sus asientos numerados o en la insalubre intimidad de los baños. “¡Que viva el perreo!”, gritó el artista.
Las torres de andamios lanzaron bolas de fuego; los pirotécnicos y láseres estuvieron a la orden del Conejo Malo, así como un setlist que llegó a “Diles”, tema lanzado hace diez años y que el artista celebró en este concierto. “Gracias a todos mis reales”, mencionó antes de dar paso a “Mónaco”.

Solo para Perú
Al igual que en diversos conciertos de esta gira, Lima también tuvo su gesto exclusivo: “Si estuviésemos juntos”, una canción que no se repetirá en otros países. Continuó con “Café con ron”, que volvió a agitar el recinto. Las camaritas cambiaron de color al compás de la música, mientras una enfermera levantaba su cartel: “Quiero ser tu médico”. Otros alzaban propuestas similares: “Quisiera hacer tu ropa”, “Déjame cocinarte”, “Desarreglo tu cama”.
Después del baile, volvió a aparecer la orquesta en La Casita. Tocaron ritmos afrocaribeños que incitaban al movimiento. Pocos acertaban al compás, perreando a destiempo la música tradicional puertorriqueña que, al juntarse con otros ritmos, fue dando forma a las canciones del álbum que da nombre a la gira: DeBÍ TiRAR MáS FOToS.

Las pelvis y los láseres se calmaron para dar espacio a la intensidad de las trompetas que anunciaron “Ojitos lindos”. Banderas peruanas y puertorriqueñas ondearon en algunas zonas. El inglés se mezcló con el español, y se escucharon algunos: “Can you give me your number?”. Bad Bunny se tomó un tiempo para hablar de la unión de culturas, de apreciar lo propio, de amar las raíces. La garúa limeña se intensificó, regalando una postal inesperada: Bad Bunny abrazado a su equipo de bailarines al final del tema.
La siguiente en la lista final fue “La canción”, un tema que remite al último año en que sus canciones sonaron en discotecas antes de la pandemia. Siguiendo el momento emotivo, apareció el viejito de los videoclips de “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, hablando de cultura mientras en las pantallas desfilaban imágenes del mundo, entre ellas la Plaza de Armas y la Plaza San Martín.

La pantalla ponchó distintas partes del concierto en formato de story de Instagram. Aparecieron carteles de “es mi primer concierto tuyo”, amigos bailando, señores perreando solos y algún fan que claramente no estaba en condiciones de ir al after con DJ Orma. “Ojalá me enamore de una peruana”, bromeó el artista, mientras recitaba un speech que parte del público repetía junto a él. “¡Ves, amiga! Toditos son iguales”, se escuchó entre la multitud.
En los minutos finales, “Dákiti” volvió a encenderlo todo. “PR está cabrón” se iluminó en las gradas del Estadio Nacional. Las más de dos horas de concierto llevaron inevitablemente al tema “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, no sin antes una petición de Bad Bunny: “Yo sé que el nombre del tema les dice que saquen fotos, pero quiero que bajen los teléfonos y saquen esa foto con el alma”. Proeza que consiguió en casi su totalidad.
LEE MÁS: Bad Bunny en Lima: ¿Qué es “La casita” y por qué los influencers mueren por estar allí?
El cierre llegó sin sensación de despedida abrupta. “EoO” culminó el concierto con explosiones de fuegos artificiales, como si el sábado no hubiera otro show. No se despidió: simplemente se retiró, con la certeza de haber realizado uno de los conciertos más potentes del año y que ya no está en Chile.
La segunda fecha se llevará a cabo el 17 de enero en el Estadio Nacional a las 9:00 p.m.











