“Conducir con sueño puede ser tan peligroso como manejar ebrio”: el riesgo invisible en los viajes por carretera
Somnolencia, diabetes, hipertensión o incluso el mal de altura pueden afectar la concentración, los reflejos y la capacidad de reacción al conducir. Especialistas advierten que revisar la salud antes de un viaje largo por carretera es tan importante como revisar frenos, llantas o aceite
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Cada vez que un conductor se prepara para un viaje largo, la rutina suele ser la misma: revisar el nivel de aceite, verificar la presión de las llantas, comprobar el estado de los frenos y asegurarse de que el tanque de combustible esté lleno. Sin embargo, hay un factor igual o incluso más determinante para la seguridad en la carretera que muchas veces pasa desapercibido: la salud del propio conductor.
Cada vez que un conductor se prepara para un viaje largo, la rutina suele ser la misma: revisar el nivel de aceite, verificar la presión de las llantas, comprobar el estado de los frenos y asegurarse de que el tanque de combustible esté lleno. Sin embargo, hay un factor igual o incluso más determinante para la seguridad en la carretera que muchas veces pasa desapercibido: la salud del propio conductor.
Carlos Alva, neurólogo e investigador titular de la Universidad Científica del Sur, advierte que la conducción es una actividad que exige un alto nivel de funcionamiento cerebral, especialmente en rutas complejas como las que atraviesan la sierra peruana.
“Cuando uno conduce hacia la sierra o hacia zonas con muchas curvas y pendientes, requiere hacer un mayor uso de las capacidades cerebrales involucradas en la conducción, como la atención, la concentración, las funciones visuoespaciales y las funciones ejecutivas”, explica.
A diferencia de las rutas costeras, donde predominan trayectos largos y rectos, las carreteras de montaña obligan al cerebro a trabajar con mayor intensidad para procesar información, anticipar curvas y reaccionar ante cambios constantes en el entorno.
La paradoja de las rutas rectas
Curiosamente, las rutas aparentemente más sencillas pueden generar otros riesgos. Según el especialista, los trayectos largos y rectos, como los de la costa peruana, pueden producir una sensación de monotonía que favorece la aparición de somnolencia. Le explicamos nuestro caso de mayor somnolencia cuando viajamos a Trujillo por la autopista Panamericana Norte y de sentirnos “más despiertos”cuando conducimos a Huancayo por la Carretera Central y esto nos respondió:
“Cuando uno conduce en línea recta, la activación del sistema simpático del organismo es menor. En cambio, cuando hay curvas o ascensos, se activan hormonas como la adrenalina y el cortisol, que mantienen al cerebro más alerta”, explica Alva.
Esta diferencia fisiológica puede explicar por qué algunos conductores sienten más sueño en carreteras largas y rectas que en rutas de montaña, pese a que estas últimas exigen mayor concentración. Sin embargo, ese estado de alerta también tiene un límite. El cuerpo humano no está diseñado para mantener niveles elevados de activación durante muchas horas.
Una de nuestros rutas principales para probar vehículos es hacia Trujillo, en donde conducimos más de 550 km por la autopista Panamericana Norte. (Foto: Fernando Roca)
/ Fernando Roca
“Se sabe que el conductor empieza a agotarse alrededor de las cuatro horas de manejo. Por eso no se recomienda conducir más de seis horas continuas, porque a partir de ese punto aumenta significativamente el riesgo de accidentes”, señala.
Dormir mal puede ser tan peligroso como beber alcohol
Uno de los factores más peligrosos al volante es la falta de sueño. No dormir puede afectar la capacidad de reacción y la concentración de manera comparable al consumo de alcohol.
“La falta de sueño tiene efectos comparables al consumo de bebidas alcohólicas en términos de atención y tiempo de reacción”, advierte Alva. Según el especialista, permanecer despierto durante más de 16 horas puede provocar alteraciones cognitivas similares a las que produce ingerir varias bebidas alcohólicas.
El límite máximo de alcohol permitido en el Perú es de 0,5 g/litro (0,05%) y, en promedio, para alcanzarlo se necesitarían alrededor de dos botellas de cerveza. De acuerdo con Alva, permanecer 16 horas sin dormir puede generar un efecto similar al de consumir esas dos botellas, mientras que 24 horas sin dormir equivalen a haber superado ese nivel.
Conductor dormido al volante y manejando por la carretera. (Foto: Freepik)
/ Freepik
De hecho, el Instituto Nacional para la Seguridad y la Salud Ocupacional (NIOSH) de Estados Unidos plantea una conclusión muy cercana a la del especialista. “Estar despierto durante 17 horas es similar a tener una concentración de alcohol en sangre de 0,05%”. Más allá de pequeñas variaciones en las cifras, pasar entre 16 y 17 horas sin dormir puede deteriorar los reflejos y aumentar significativamente el riesgo de accidentes mortales.
En ese contexto, los llamados microsueños representan uno de los mayores peligros al volante. “Los microsueños son episodios breves en los que la persona literalmente se queda dormida por segundos. En la conducción, esos segundos pueden ser letales”, explica.
Además, existe una alta prevalencia de trastornos del sueño que muchas veces pasan desapercibidos. Uno de los más comunes es la apnea del sueño, caracterizada por ronquidos intensos y pausas en la respiración durante la noche. “Muchas personas normalizan el roncar, pero en realidad puede ser un signo de un trastorno del sueño que provoca somnolencia durante el día”, añade el especialista.
Diabetes: el riesgo de una hipoglucemia
Otra enfermedad que puede comprometer la seguridad al volante es la diabetes, especialmente cuando el conductor permanece muchas horas manejando. En estos casos, el principal riesgo es la hipoglucemia, es decir, la disminución excesiva del nivel de azúcar en la sangre.
“Conducir por largos periodos puede llevar a una hipoglucemia, sobre todo en pacientes que reciben tratamiento con insulina o medicamentos. Los pacientes pueden empezar a sudar, sentirse confundidos, tener temblores o marearse. En una persona que está conduciendo, eso puede ser extremadamente peligroso”, advierte Alva.
Los glucémetros deberían ser indispensables para todos los pacientes diabéticos, pero más para quienen transportan vidas. (Foto: DGT España)
/ DGT España
Por ello, los especialistas recomiendan que los conductores con diabetes controlen su nivel de glucosa antes de iniciar un viaje y lleven consigo alimentos de absorción rápida, como bebidas azucaradas o caramelos, en caso de emergencia.
Hipertensión y estrés al volante
La hipertensión arterial es otra condición frecuente que puede verse agravada durante la conducción, especialmente en trayectos largos o en situaciones de estrés. “Conducir es una actividad estresante. Eso activa el sistema simpático del organismo y puede elevar la presión arterial”, explica Alva.
Aunque las personas hipertensas pueden conducir con normalidad, el especialista recomienda mantener un control adecuado de la presión arterial y realizar pausas periódicas durante el viaje. “Lo recomendable es detenerse cada dos horas y hacer una pausa de al menos diez minutos”, señala.
La hipertensión arterial no controlada es una de las principales causas de paros cardiacos. (Foto: Agencia Andina)
/ Agencia Andina
El cirujano cardiovascular Carlos Pachas, docente de Medicina Humana de la Universidad Científica del Sur, añade que los picos elevados de presión arterial pueden desencadenar complicaciones graves.
“Cuando hay picos muy altos de presión, se puede producir un infarto o un accidente cerebrovascular súbito. En esas situaciones el conductor puede perder el control del vehículo”, advierte.
Por ello, síntomas como dolor de cabeza intenso, molestias en el pecho o dificultad para respirar no deberían ignorarse antes de iniciar un viaje.
El mal de altura en la carretera
El Perú tiene una geografía particularmente exigente para los conductores. En pocas horas, un viaje puede pasar del nivel del mar a altitudes superiores a los 4.000 metros. Este cambio rápido puede desencadenar el llamado mal de altura, que compone una serie de síntomas asociados a la menor disponibilidad de oxígeno.
“A partir de los 2.000 o 2.500 metros sobre el nivel del mar ya se produce una mayor activación del sistema cardiovascular. El corazón late más rápido y la presión puede elevarse”, explica Alva.
En personas con enfermedades cardiovasculares o hipertensión, este esfuerzo adicional puede generar síntomas como mareos, dolor de cabeza o sensación de falta de aire. Por eso, los especialistas recomiendan hacer pausas durante el ascenso para permitir que el organismo se adapte gradualmente a la altura.
A menudo solemos realizar pruebas de manejo sobre los 4.000 metros de altura, por lo que estamos sujetos a sufrir el mal de altura. (Foto: Fernando Roca)
/ Fernando Roca
Aquí estamos en el mirador del nevado Pastoruri (5.000 metros), pero previamente pasamos una noche de aclimatación en Huaraz (3.000 metros), por lo que no sufrimos ningún mal. (Foto: Fernando Roca)
/ Fernando Roca
El riesgo silencioso de permanecer sentado
Los viajes largos también pueden afectar la circulación sanguínea, especialmente cuando el conductor permanece muchas horas sentado. Según el Dr. Carlos Pachas, esta situación puede aumentar el riesgo de trombosis.
“La trombosis ocurre cuando se forman coágulos en las piernas, muchas veces asociados al sedentarismo prolongado”, explica. Los síntomas incluyen dolor intenso, hinchazón y dificultad para mover la pierna.
Los especialistas recomiendan realizar viajes con intervalos de paradas para evitar la formación de coágulos. (Foto: Peugeot)
“Ese dolor puede impedir que la persona mueva adecuadamente la pierna o presione los pedales con normalidad”, añade el especialista. Para reducir el riesgo, recomienda realizar paradas periódicas y caminar algunos minutos. “Lo ideal es detenerse cada dos o tres horas y caminar un poco para activar la circulación”, señala.
Escuchar al cuerpo antes de salir
Para los especialistas, uno de los principales problemas es que muchos conductores prestan más atención al estado del vehículo que a su propio estado físico. “El organismo es tan importante como el vehículo para prevenir accidentes”, resume Alva.
Por eso, antes de iniciar un viaje largo por carretera, recomiendan cumplir con tres reglas básicas: dormir al menos siete horas, evitar conducir si se siente fatiga o somnolencia y controlar condiciones médicas como la diabetes o la hipertensión.
Al final, el mejor sistema de seguridad de un auto sigue siendo quien está detrás del volante. Y, como recuerdan los especialistas, ese sistema también necesita “mantenimiento”.