WUFSi uno se pregunta cuál es el concierto donde se junta un cocinero premiado, una novia con su vestido y gente totalmente cubierta con propaganda electoral, ese es el concierto de Alejandro Sanz en Lima. Luego de superar el martes más caluroso desde hace 28 años, el cantante español volvió a calentar la capital la noche del miércoles con un concierto donde cada canción fue motivo de celebración.
Si uno se pregunta cuál es el concierto donde se junta un cocinero premiado, una novia con su vestido y gente totalmente cubierta con propaganda electoral, ese es el concierto de Alejandro Sanz en Lima. Luego de superar el martes más caluroso desde hace 28 años, el cantante español volvió a calentar la capital la noche del miércoles con un concierto donde cada canción fue motivo de celebración.
Y así el Estadio Nacional, que no ve éxitos desde el último partido en que Perú intentó clasificar, cede ante los juegos de palabras y un acento que engatusa hasta al más apático. Incluso el personal de seguridad intenta emularlo; algunos separan a los asistentes, menos a las guapas, a quienes sueltan un piropo gallego que, por criollo, solo recibe indirectas de respuesta.

Alejandro Sanz aparece ante esos romances fallidos y otros tantos registrados en la kiss cam, que esta vez no encuentra al desafortunado cuyo corazón partido tiene su otra mitad cuidando a los hijos en casa. La noche empieza con “Desde cuando”, y desde allí parte un repertorio dedicado a quienes sufrieron, lloraron y amaron con sus canciones.
“Por bandera” sigue después de los dos primeros temas. Sanz acompaña la letra con una bandera gigante de Perú que ondea uno de los miembros de la orquesta que lo acompañan durante esta gira. En total son un bosnio, dos dominicanos, dos españoles, una cubana, un argentino y Gisella Giurfa, la peruana que marca el ritmo del concierto.

“Lima de la bruma, Lima de la luz, Lima del sabor, Lima de lo rico ¡Viva Lima!”, profesa el cantante con un acento y voz que no se opacan por el tiempo. Así como la habilidad para hacer que más de una suspire por sus palabras. O algún que otro tome nota de cómo es que se gana el corazón de un público que lo esperó por tres años.
Sanz se erige entre juegos de luces que lo destacan en tonos naranja. Mantiene la mirada fija en el público, sonríe de forma ligera mientras la lluvia continúa. Tiene un reloj que le muestra su pulso; el diagnóstico del dispositivo es contundente: Sanz ha sufrido una caída. El cantante sonríe ante el error, se lo quita y lo lanza al escenario. “Que nada nos interrumpa”, sentencia.

Tras un par de temas se retira y deja a la banda tocar, y regresa para cantar con instrumental, mientras hace homenaje a la baterista peruana que lo acompaña. A ella la acompañan su familia y amigos desde el público, quienes días antes celebraron su cumpleaños en Lima.
Durante esos días previos al concierto Sanz caminó por la ciudad, visitó restaurantes y otros puntos de interés. Pidió platos típicos, bebió lo que el público bebe, con menos o más grados alcohólicos. Pero esta vez pide que enciendan las luces de las cámaras y el Estadio responde con miles de luces que iluminan todo el recinto, dejando claro que un sold out puede hacer lo mismo que grandes reflectores. En ese ambiente Sanz se siente cómodo y continúa el show.

Se interpretan temas como “Amiga mía”, “Deja que te bese”, “Cuando nadie me ve” y otros tantos que se mezclan con palabras del cantante: “Viva Perú, sin ustedes no es lo mismo”, “Lima, los amo”, “Esta es una gran noche”, y otras tantas frases que, de no ser dichas con la gracia de Sanz, caerían bajo la etiqueta peruana de floro.
El concierto mantiene la atención de las cámaras y de las parejas. Llega el momento de “No es lo mismo”, tema que alcanza su cúspide tras el coro, con un Alejandro Sanz pidiendo ruido a una multitud dispuesta a cumplir cada uno de sus mandatos. Levanta las manos y todos las levantan. Apunta al escenario y más de una se apunta a sí misma, bajo la celosa mirada de algún esposo que tantea remotas posibilidades de ser engañado con el mismísimo Sanz.

Con “Aquello que me diste” se da un aparente final con pancartas levantándose, grandes y pequeñas, con propuestas grandes como un “Cásate conmigo”, y otras pequeñas como un simple “Te quiero, Sanz”, sin compromisos posteriores. Las luces se apagan y la gente pide más, y así lo hace el cantante, quien presenta cuatro temas para cerrar la noche.
Canta “¿Y si ella fuera?”, dejando una sensación de tristeza en el público, para luego seguir con un tema que termina de quebrar a los fans: “¿Lo ves?”. En clave de piano, con voz más baja pero firme, sostiene cada letra. Todos cantan, muchos lloran y algunos se descompensan. El ambiente presenta una calma a capela que, tras palmas y gritos, termina dejando un silencio.
Entre tanta tristeza, a su estilo, grita: “Que se manifiesten las guapas”, e inicia coherentemente el tema “Las guapas”. Sin prisa ni demora inicia el último tema de la noche, “Corazón partío”. Un gran éxito que hace a todos gritar, y que tiene un primer momento tranquilo y uno de fiesta y ritmo, que acaba al poco tiempo: una declaración de intenciones para la segunda fecha que tendrá en la ciudad.
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