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Durante años, Chavín de Huántar se entendió desde lo visible: sus plazas, sus estructuras monumentales, su lugar como uno de los más grandes centros ceremoniales del mundo andino. Hoy, esa definición parece quedar corta.
Durante años, Chavín de Huántar se entendió desde lo visible: sus plazas, sus estructuras monumentales, su lugar como uno de los más grandes centros ceremoniales del mundo andino. Hoy, esa definición parece quedar corta.
Un sistema de galerías, pasajes estrechos, cuartos cerrados y corredores al interior del complejo ha sido descubierto no como un añadido arquitectónico ni un recurso secundario, sino como, en palabras del arqueólogo de Stanford John Rick, una parte central de cómo funcionaba Chavín.
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Arquitectura pensada para influir
Uno de los cambios más importantes en la investigación reciente es entender que no todas las galerías en Chavín cumplían la misma función. Rick explica que existen diferencias claras en tamaño, forma y uso. Algunas son pequeñas, casi como cámaras aisladas; otras forman redes complejas de corredores. Y esa diversidad no responde necesariamente a etapas distintas en el tiempo, como se pensaba antes, sino más bien a usos específicos.

El trabajo actual se apoya en evidencia mucho más precisa. En muchos casos, no hay objetos visibles que indiquen qué ocurría en estos espacios, por lo que los arqueólogos analizan sedimentos y restos microscópicos.
Ese enfoque ha permitido identificar usos que van desde el almacenamiento de objetos rituales hasta la evidencia de quema o, incluso, al consumo de plantas psicoactivas. Cada galería, en esa línea, formaba parte de un sistema más amplio, donde la experiencia estaba cuidadosamente diseñada. “Si querían asustar, podían hacerlo. Si quisieron imponer asombro, también”, resume Rick.
Otro hallazgo clave tiene que ver con cómo estas galerías se relacionan con el tiempo. Muchas de ellas incorporan estructuras más antiguas que quedaron enterradas a medida que el sitio crecía. Sin embargo, no fueron clausuradas, se mantuvieron accesibles a través de nuevos corredores. “Era muy importante mantener el contacto con este espacio que representaba el pasado”, explica Rick.

Esa decisión no es menor. En sociedades que comenzaban a volverse más complejas, donde surgían jerarquías y nuevas formas de organización, el pasado funcionaba como una fuente de legitimidad. “Es como afirmar ‘estamos en el lugar de los ancestros, y eso nos da legitimidad’”, señala el arqueólogo.
En ese contexto, el sitio también competía con otros centros ceremoniales por atraer peregrinos, muchos de ellos provenientes de élites capaces de movilizar recursos y trabajo. Generar impacto no era solo simbólico, sino también estratégico.
Durante quince años, Antamina ha respaldado investigaciones y trabajos de conservación en Chavín de Huántar junto a aliados como la Universidad de Stanford y el Patronato Cultural del Perú. Este apoyo permitió importantes hallazgos arqueológicos, como nuevas galerías subterráneas, además de acciones de preservación para proteger los muros preincas y asegurar la conservación del sitio para futuras generaciones.
Reescribiendo la historia
Quizás uno de los cambios más relevantes que trae esta nueva mirada es cómo se entiende el periodo formativo en la cultura peruana. Durante mucho tiempo, se le consideró una etapa previa a la civilización. Sin embargo, las evidencias actuales contradicen esa idea. “Nos ha llevado a una idea de complejidad enorme. Chavín fue muy bien pensado, calculado al detalle”, afirma Rick.
Lejos de ser un sistema estático, el sitio muestra señales de experimentación: cambios en la arquitectura, ajustes en las prácticas y abandono de ciertas formas cuando no cumplían su función. Ese nivel de planificación no solo habla de su capacidad técnica, sino también de una comprensión profunda de cómo construir y sostener creencias. “Es una sofisticación que puede equipararse con cualquier religión de hoy”, enfatiza Rick.

En un contexto donde la tecnología e inmediatez suelen imponerse, la arqueología puede parecer lejana. Para Rick, ocurre lo contrario e invita a reflexionar sobre esta ciencia. “¿Quiénes somos sin nuestro pasado?”, plantea.
Chavín no solo permite entender una cultura específica, sino también procesos más amplios: cómo se construyen sistemas de creencias, cómo se legitima el poder y cómo se organiza una sociedad en torno a ellos. “Estaban dejando mensajes. Están ahí todavía. Solo falta girar nuestra mirada más a menudo, aún en medio de lo agitado de la modernidad”, concluye. //
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