Fútbol mundialPocas vistas te detienen un momento y te obligan a mirar en silencio. La que ofrece Terraza Lima Club es una de ellas: frente a la Plaza de Armas, con la Catedral, los balcones y el movimiento del Centro Histórico desplegándose a los pies. Este espacio novedoso apuesta por coctelería de autor, cocina peruana y piqueos pensados para disfrutar durante la mayor parte del día y, sobre todo, al caer la tarde con una vista privilegiada del corazón de Lima.
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Detrás del proyecto está Clever Peláez, empresario gastronómico que años atrás apostó por instalar El Mesón del Inca en el primer piso del histórico Club de la Unión, una propuesta de cocina regional que marcó su ingreso al circuito del Centro. Luego vendría La Cava del Parrillero, un steakhouse elegante que reforzó su presencia en la zona. Pero la mirada estaba puesta más arriba: en un salón olvidado del club donde, según cuentan, pocos veían potencial.

“Cuando visitamos este espacio, rápidamente pude ver todo el potencial y las posibilidades que habían en este espacio casi olvidado. Nos costó bastante tiempo pero logramos conseguir los permisos necesarios e iniciamos obras como el techo”, explica a la web de Somos el creador del rooftop.
Convencer a los socios de un club tan tradicional de abrir sus puertas a una inversión privada no fue un proceso inmediato. Hubo diálogo, planificación y una ejecución por etapas. Terraza Lima Club abrió el 25 de julio de 2025 y lo que hoy vemos corresponde a la primera fase del proyecto. En paralelo, trabajan en la construcción de un rooftop superior que ampliará la experiencia desde aún más altura. “Estamos en la primera etapa de este proyecto, vamos avanzando poco a poco con todo”, señala Ignacio Cano, administrador del local.

Restaurar el espacio implicó un ejercicio de equilibrio: intervenir sin borrar. Clever y su equipo se atrevieron a refaccionar y elevar el salón, actualizar iluminación y acabados, pero manteniendo intacta la base arquitectónica y los elementos originales que le dan carácter.
Los cerámicos que recubren las paredes con inscripciones y escenas que narran episodios del histórico Club de la Unión no solo se conservaron, sino que dialogan con la propuesta actual. Basta caminar con calma por el salón y detenerse a leerlos para seguir la memoria de uno de los clubes más icónicos del Perú. Entre ellos, incluso, encontramos un cerámico que conmemora la visita de Gabriela Mistral.

La apuesta dialoga con un fenómeno mayor: el renovado interés por el Centro Histórico como escenario gastronómico. Peláez lo reconoce como una motivación más para este proyecto. “Lo que aquí se necesita es un esfuerzo en conjunto, que veo que va aumentando con la llegada de nuevas marcas a la zona. Al final, es un beneficio en común, todos queremos que venga más público y disfruten del Centro durante todo el día”, asegura. La recepción del público, añade, ha sido positiva desde el inicio.
Una carta que acompaña la vista
La propuesta gastronómica se adapta a los distintos momentos del día. Presentan una nueva carta de almuerzos con platos de corte clásico peruano y, por la noche, una selección de piqueos para compartir.

La coctelería, en cambio, se mantiene durante toda la jornada y funciona como hilo conductor de la experiencia. Hay creaciones propias con perfil fresco y tropical —con insumos como camu camu, aguaymanto, tuna o piña— y una batería de clásicos bien ejecutados, desde el pisco sour hasta el negroni o el martini en sus distintas versiones. Entre los de autor destacan el Lima Club Punch, con pisco, piña y aguaymanto; o el Brisa de Mango, con gin y notas frutales.

Por la noche, la carta se inclina hacia los piqueos pensados para compartir y prolongar la sobremesa. Hay conchitas a la chalaca, conchitas parmesana, pulpo al olivo laminado y gyozas con salsa anguila picante. También destacan los langostinos furai, crujientes y acompañados de salsa de maracuyá, y la causa de pulpa de cangrejo, de papa amarilla sedosa y relleno generoso.
Lo que probamos
La experiencia comenzó con dos mocktails: Ascenso, un equilibrio entre shrub de fresa, maracuyá, limón y ginger ale; y Atardecer de San Cristóbal, con shrub de tuna roja y notas cítricas, refrescante y ligero. Ambos demostraron que la carta sin alcohol también tiene carácter y fueron de los favoritos.

En la mesa desfilaron un cebiche carretillero, intenso y cítrico, acompañado de chicharrón de pota crujiente; una langosta a la meunière sellada en mantequilla avellanada que realza su dulzura natural; y un arroz con mariscos arrisotado, cremoso y de fondo concentrado.
El lomo saltado cumplió con el ritual del wok y las papas doradas, mientras que el arroz verde con mariscos aportó ese guiño norteño que equilibra frescura y buena sazón. Para el postre un tiramisú clásico, de capas generosas y cacao fino, que termina la experiencia sin excesos.

Terraza Lima Club está en proceso de crecimiento —hay detalles por afinar y una etapa superior en camino—, pero la sensación es clara: el proyecto tiene ambición y contexto. Dan ganas de volver, ver cómo evoluciona y seguir mirando Lima desde esa altura que, por momentos, logra detener el tiempo.
Dirección: Dentro del Club de la Unión (Pasaje Santa Rosa 123, Centro de Lima)
Horarios: Todos los días. Almuerzos de 12 p.m. a 5 p.m. Turno de noche, desde las 6 p.m.
Instagram: @terraza.limaclub
Reservas: Al Whatsapp 982692660
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