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Hay espacios que parecen haber estado allí siempre. El Campo de Marte es uno de ellos. Miles de limeños lo recorrían cada semana para hacer deporte, pasear con sus mascotas, asistir a ferias o simplemente descansar bajo la sombra de sus frondosos árboles. Sus más de 100 mil metros cuadrados de áreas verdes lo han convertido en uno de los parques más reconocibles de la ciudad. Sin embargo, detrás de sus senderos, monumentos y jardines existe una historia más extensa de lo que muchos imaginan.
Hay espacios que parecen haber estado allí siempre. El Campo de Marte es uno de ellos. Miles de limeños lo recorrían cada semana para hacer deporte, pasear con sus mascotas, asistir a ferias o simplemente descansar bajo la sombra de sus frondosos árboles. Sus más de 100 mil metros cuadrados de áreas verdes lo han convertido en uno de los parques más reconocibles de la ciudad. Sin embargo, detrás de sus senderos, monumentos y jardines existe una historia más extensa de lo que muchos imaginan.
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Para el historiador y gestor cultural Marco Antonio Capristán Núñez, la historia del Campo de Marte es también la historia de Lima. Sus terrenos han acompañado la evolución de la ciudad desde la época virreinal, pasando por el crecimiento urbano de inicios del siglo XX, hasta convertirse en uno de las áreas públicas más emblemáticas de la capital.
Mucho antes de ser parque, estos terrenos formaban parte de la antigua hacienda Santa Beatriz, una de las propiedades agrícolas más importantes de la Lima colonial. Durante siglos, la zona fue alimentada por una red de canales de origen prehispánico que transportaban agua y permitían el desarrollo agrícola del valle. Entre ellos destacaba el canal Huatica, una infraestructura hidráulica construida antes de la llegada de los españoles y que continuó funcionando durante siglos.

El destino del lugar cambió a comienzos del siglo XX. En 1903 se inauguró allí el Hipódromo de Santa Beatriz, considerado el principal centro de entretenimiento limeño de la época. La historia de este espacio también está ligada a algunos episodios singulares. En una de sus pistas se realizó el primer vuelo documentado en Lima, cuando el aviador Juan Bielovucic Cavalié se elevó en un biplano Voisin. Décadas después, una de las tribunas, aún ubicada en la Av. de la Peruanidad, sería escenario de acontecimientos políticos decisivos: allí Augusto B. Leguía recibió la noticia del golpe de Estado que puso fin a su gobierno.
El hipódromo tenía además una característica hoy prácticamente olvidada: una laguna alimentada por uno de los brazos del antiguo canal Huatica. En su centro se levantaba una pequeña isla donde se instaló el primer monumento dedicado al aviador Jorge Chávez.

La transformación definitiva llegó a fines de la década de 1930. El crecimiento de la ciudad y los cambios políticos impulsaron el cierre del hipódromo y la creación de un gran parque público. Poco a poco, las antiguas instalaciones fueron reemplazadas por jardines, senderos y monumentos que redefinieron la identidad del espacio. La laguna desaparecería a mediados de la década de 1940.
Con el paso del tiempo, el parque continuó acumulando historias. Fue escenario de desfiles militares, celebraciones patrióticas, un multitudinario concierto del Grupo Niche, festivales gastronómicos y encuentros ciudadanos.
Un parque en alerta
Esa riqueza histórica, ambiental y simbólica explica la preocupación que ha despertado la remodelación que se venía ejecutando en el parque. Lo que inicialmente fue presentado como una intervención para mejorar la infraestructura del espacio terminó generando cuestionamientos por parte de vecinos y especialistas que comenzaron a advertir el deterioro progresivo de áreas verdes y la caída de árboles, que ya fue registrada.

A partir de estas alertas surgió el colectivo ciudadano Salvemos el Campo de Marte, integrado por vecinos y profesionales de distintas disciplinas. Entre ellos se encuentran ingenieros forestales, arquitectos y abogados que han participado en inspecciones técnicas y mesas de trabajo convocadas por la Municipalidad de Lima para evaluar el impacto de la obra.
Según los especialistas que integran el equipo técnico del colectivo, la principal preocupación no está relacionada únicamente con el riego, sino con la afectación de raíces ocasionada por excavaciones asociadas a la construcción de nueva infraestructura. Durante las inspecciones realizadas en las últimas semanas se identificaron árboles muertos, ejemplares con daños severos y casos que requerirían seguimiento especializado durante los próximos años.

Frente a los cuestionamientos, Invermet ha reconocido la necesidad de replantear parte de la intervención y ha instalado mesas técnicas con participación ciudadana. Mientras continúan las evaluaciones y se discuten medidas de mitigación y recuperación, el futuro de uno de los pulmones más importantes de Lima permanece bajo observación. Porque más allá de su función como área verde, el Campo de Marte concentra años de historia que ayudan a entender la evolución de la ciudad y la importancia de proteger sus espacios comunes.
Riqueza vegetal
- La ingeniera forestal Claudia Gutiérrez, parte del colectivo ciudadano, explica que en el Campo de Marte se encuentran más de 30 especies de árboles, como molle, eucalipto, fresnos, tulipanes africanos, árboles frutales y especies nativas.
Monumento central
- En el centro del parque se alza el Monumento a los Defensores de la Frontera de 1941, inaugurado tras el conflicto entre Perú y Ecuador. Considerado uno de los monumentos más importantes de Lima, fue creado por el escultor peruano Artemio Ocaña.
Santuario urbano
- La diversidad de árboles y plantas del Campo de Marte convierte al parque en refugio para distintas especies de aves, como tordos, cuculíes, colibrís y loros, entre otras.
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