Por Nora Sugobono

Rafa tiene hambre. Sentado en una mesita de madera en la zona del bar de Picnic Club (su más reciente local) Rafael Osterling ha pasado buena parte del mediodía con su bolso de cuero al lado, revisando anotaciones, escribiendo papeles. Quizá está sacando cuentas, evaluando proveedores, repasando recetas. Quizá hace todo eso a la vez, o son solo especulaciones mías. Honestamente, no llego a preguntárselo: antes nos dedicamos a resolver la interrogante que más nos interesa en ese momento. ¿Qué vamos a comer?

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