Por Nora Sugobono

Sentadas en un par de bancos de la barra de La Perlita, Maricé Castañeda (cuyo alias, Heroína Estudio, ya deben conocer por las fotos que suelen acompañar esta página) y yo probamos un plato tras otro mientras buscamos la luz ideal para capturar la esencia del nuevo formato de Ricardo Martins. No es difícil lograr nuestro objetivo: una ventana inmensa con vista a Domeyer ilumina toda la entrada del local. La vista es extraordinaria, tanto dentro como fuera. Podríamos quedarnos ahí toda la tarde, tomando un macerado a base de pisco, guindones y pasas que ofrecen como bajativo de la casa, cuchareando una porción de huevo chimbo o fresas con crema —que se hace imposible dejar a medias— y escuchando un mix musical que incluye desde boleros y valses hasta éxitos de la música en español de los setenta y ochenta. Por unas horas, el tiempo se ha detenido en La Perlita, y empiezo a sospechar que ese ha sido el objetivo de Ricardo desde el principio.

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