Por Renato Cisneros

Me impresionan esos cientos de brazos extendidos. Brazos gruesos, delgados, viejos y jóvenes, la gran mayoría en manga corta, muchos sin adornos, algunos con relojes o pulseras en la muñeca. Brazos de diferentes tonalidades, movilizados por la fe, la devoción, pero también por una mezcla de asombro y ansiedad. Brazos cuyas manos pugnan por tocar, siquiera imaginariamente, al hombre que viaja dentro de ese peculiar vehículo blanco que, si no supieramos que es el medio de transporte oficial del Vaticano, podríamos confundirlo con una nave espacial o un carro alegórico.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: