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Cayó el ‘Monstruo’, pero hay 29 acusados de extorsión entre los prófugos más buscados por la justicia
Las autoridades ofrecen S/50.000 por dos avezados delincuentes, pero su paradero es desconocido desde hace casi 10 años. En el 2025 se registró el mayor número histórico de denuncias por ese delito.
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Resumen
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Mientras el gobierno intentaba contener el escándalo del ‘Chifagate’, protagonizado por el presidente José Jerí, el Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad (CEIC) presentó –después de cuatro años de injustificado silencio– las cifras oficiales sobre seguridad ciudadana en el Perú.
El documento –cuya versión final aún no ha sido entregada– revela que el 2025 fue el año con más denuncias policiales por extorsión en la historia. Además, estas se sextuplicaron en solo seis años.
El incremento más notorio se registró después de la etapa más crítica del COVID-19, la pandemia que paralizó al mundo. En el 2022, ante la policía fueron presentadas 16.346 denuncias por extorsión. Solo un año antes, en el 2021, hubo 4.501.
El director de Investigación Criminal de la Policía Nacional, Víctor Revoredo, explica que la dinámica del crimen ha tenido un importante giro a partir del acelerado avance de la tecnología. Hoy, los teléfonos celulares son prácticamente bienes de primera necesidad.
“La tecnología ha sido aprovechada por estos sujetos. Desde este aparatito [un celular], yo puedo hacer todo. Los criminales tradicionales han visto en la tecnología una cubierta que les da una oportunidad de ser menos vulnerables frente a las fuerzas del orden”, asegura Revoredo en diálogo con El Comercio.
En constante huida
A través de una solicitud de acceso a la información pública, este Diario comprobó que están prófugos 29 presuntos extorsionadores incluidos en el Programa de Recompensas –antes llamado “Lista de los más buscados”–, una iniciativa del Ministerio del Interior que ofrece a los ciudadanos “un beneficio económico” a cambio de aportes que faciliten la ubicación de “miembros de organizaciones criminales o requisitoriados por quienes se ofreció un determinado monto de recompensa”.
“El extorsionador tiene un ecosistema: la informalidad. Él sabe que si ataca un mercado o una empresa de transporte informal, no va a haber denuncia. El anonimato es su principal herramienta”
General Víctor Revoredo, director de Investigación Criminal de la Policía Nacional del Perú
La gran mayoría de estos, 22 de 29 (75,9%), están prófugos desde hace más de cinco años. En su reciente libro “Extorsión, el negocio del miedo” (Aguilar, 2026), el experto en crimen organizado Julio Corcuera sostiene que el referido delito es un “fenómeno complejo, flexible y adaptativo”, por lo que “no existe única modalidad, un solo método o una estructura fija”.
Por ese motivo, enfrentar la extorsión es una labor compleja. Si bien existen millonarias organizaciones criminales como la de Erick Moreno Hernández, el ‘Monstruo’, también hay pequeñas bandas e incluso los llamados aventureros.
“Estas son personas que no pertenecen a una banda y quizá no han sido criminales, pero compran chips y se aventuran a ver quién cae. Ese, el que nadie conoce, es difícil de rastrear porque bota el chip y no lo encuentras”, relata.
Actualmente, la máxima recompensa por un presunto extorsionador es S/50.000. Solo hay dos personas por las que se ofrece ese monto: Luis Joel Sonco Broncano y Jonathan ‘Caras’ Rondón Vera.
A Sonco también se lo busca por sicariato y homicidio calificado. Según información policial, pertenece a la organización criminal Los Soncos, la cual opera en Lima. En tanto, Rondón es sindicado de pertenecer a la banda Los Gatilleros de Loreto.
Ellos están prófugos desde hace 3.636 y 3.634 días, respectivamente, casi 10 años. En ese período, el Perú tuvo ocho presidentes.
Un caso similar al de Rondón Vera es el de Mario Vílchez Pérez, quien también es consignado como fallecido por Reniec.
Por otro lado, seis de cada 10 prófugos por extorsión actúan en tres regiones, todas de la costa peruana: Lima (34,5%), La Libertad (13,8%) y Lambayeque (13,8%).
“El mercado de la extorsión se ha extendido desde mediados de la década del 2000 hasta la fecha, primero en el norte y luego en otras ciudades”, destaca Corcuera en su libro.
Entrevista
“Nuestro crimen es también un reflejo de nuestra propia sociedad”
Julio Corcuera Portugal, experto en crimen organizado y autor del libro “Extorsión, el negocio del miedo” (Aguilar, 2026)
Corcuera explica que la extorsión surge y se desarrolla como un fenómeno de la costa norte del país. (Foto: Joel Alonzo)
/ JOEL ALONZO
¿Existe un perfil definido del extorsionador en estos tiempos?
Ha habido casos en donde se ha detectado a universitarios que se han integrado [a este negocio] para [extorsionar] al compañero o profesor. Puede ser literalmente cualquiera. En verdad, como es anónimo, cualquiera puede hacerlo.
Y eso mismo hace que sea más difícil perseguir el delito…
Claro, porque comprando un chip [de celular] usted se hace anónimo y ya está. En el Perú hay más chips que seres humanos.
¿Qué sectores o empresas son ahora el principal objetivo de los extorsionadores?
Si bien es cierto que [los casos reportados] en el mercado de la informalidad o el consumo masivo son los que se ven [en los medios], hay cosas que no se ven y ahí están. Hay empresas formales, por ejemplo, agroexportadoras, pero su interés es que no se sepa, manejarlo con discreción.
Usted menciona que no es coherente pensar en crimen organizado en un país en el que todo es desorganizado. ¿De qué modo opera el crimen en el Perú?
Nuestro crimen es también un reflejo de nuestra propia sociedad. […] El crimen también es un crimen de características desestructuradas. Aplicar aquí la lógica y el sistema de comprensión del crimen italoamericano no tiene sentido. Hace falta estudiarlo y ahondar en eso.
¿Cuánta influencia tiene el crimen internacional, específicamente el venezolano, en el aumento de las extorsiones?
Tiene influencia, es importante. Pero cuando llega la migración venezolana, no traen este crimen, ya existía. Lo que ha habido son ciertas modalidades, por ejemplo, la trata de personas, que la han transformado. Ahora, no podemos hablar solo de crimen venezolano: en la triple frontera hay remanentes de las FARC, en Ucayali operan el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital [de Brasil]. No estamos frente a un problema de seguridad ciudadana, sino a un problema de seguridad nacional.