RespuestasEl ronquido para muchas personas, es un objeto de burla: se imita, se graban videos para compartir en redes sociales o, como en el caso de los niños, los padres lo comentan entre risas como una curiosidad más de la infancia. Asimismo, puede ser simplemente visto como algo molesto para quienes duermen cerca y se asume como parte de tener niños pequeños en casa. Entre la broma, la incomodidad y la costumbre, el ronquido termina normalizándose, pese a que no debería pasar desapercibido.
El ronquido para muchas personas, es un objeto de burla: se imita, se graban videos para compartir en redes sociales o, como en el caso de los niños, los padres lo comentan entre risas como una curiosidad más de la infancia. Asimismo, puede ser simplemente visto como algo molesto para quienes duermen cerca y se asume como parte de tener niños pequeños en casa. Entre la broma, la incomodidad y la costumbre, el ronquido termina normalizándose, pese a que no debería pasar desapercibido.
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Ante esta realidad, Malee Rodrigo, pediatra y docente de la carrera de medicina humana de la Universidad Científica del Sur, es clara y directa: “un niño sano duerme con la boca cerrada y en silencio”. Cuando un niño ronca o respira por la boca es una señal de que el aire no está pasando bien. La nariz —explicó la experta a la web de “Somos”— es el filtro natural del cuerpo, si la saltamos, el aire llega sucio a los pulmones y el cerebro no se oxigena correctamente. No es una etapa, sino un problema que debemos corregir.
“Si bien un niño puede presentar un ronquido ocasional, por ejemplo, una noche durante un resfriado fuerte o una alergia, este desaparece en pocos días. En cambio, un ronquido que nos alerta de un problema mayor es cuando persiste por más de 3 semanas y reaparece con frecuencia acompañado de la boca abierta durante el día, pausas respiratorias o un sueño inquieto. Por eso, un ronquido persistente nunca es normal”, recalcó la doctora Claudia Vásquez, otorrinolaringóloga de Clínica Internacional.
Cuando la respiración cambia
Cuando algo no está bien, el cuerpo empieza a presentar una serie de señales que, vistos de forma aislada, parecen inofensivas, pero que en conjunto muestran un patrón de respiración alterada que los padres no deben dejar pasar. Según Genon Wicina, pediatra de Cleveland Clinic, estas primeras alertas suelen ser: ronquidos frecuentes (más de tres noches a la semana), dormir con la boca abierta, pequeñas pausas respiratorias, despertares con tos o arcadas, irritabilidad, cansancio y sueño durante el día, ojeras marcadas e incluso mojar la cama más allá de la edad esperada.
En esta misma línea, la doctora Vásquez añadió que la respiración bucal no solo se observa en la noche, sino que durante el día los niños también pueden presentar signos como mantener la boca entreabierta, sequedad bucal, mal aliento, hablar con voz nasal, comer con la boca abierta o tragar aire, fatiga al jugar, postura de cabeza adelantada o dientes marcados por interposición lingual.

En cuanto a las causas, la especialista de Clínica Internacional precisó que las más frecuentes son el crecimiento excesivo de adenoides y amígdalas palatinas, además de la rinitis alérgica o no alérgica. Tanto las adenoides como las amígdalas son tejidos de defensa que se activan con frecuencia en los primeros años, pero las infecciones recurrentes, la rinitis o incluso la contaminación pueden hacer que aumenten de tamaño, produzcan más moco y bloqueen el flujo de aire por la nariz.
También entran en juego causas menos evidentes, como un tabique nasal desviado —a veces consecuencia de una caída—, un paladar estrecho o alto, o la hipotonía orofacial presente en algunos síndromes. A esto se suman hábitos que pueden modificar la estructura de la boca, como chuparse el dedo o el uso prolongado del chupón.
“Es importante tener en cuenta que en la mayoría de casos, la respiración bucal no aparece por un único motivo, sino por la combinación de varios factores. Por eso, observar estos signos en conjunto es clave para detectar a tiempo algún problema y solicitar una evaluación”, destacó Vásquez.
¿Qué ocurre dentro del cuerpo?
Cuando un niño respira por la boca, dentro de su organismo se produce una cadena de cambios que con el tiempo puede tener un impacto significativo en su calidad de vida.
Fisiológicamente, como detalló la experta, la obstrucción nasal obliga a que el flujo de aire entre por la boca, cambiando la postura lingual (la lengua baja y pierde su posición natural en el paladar), alterando el tono de los músculos oro-faciales y del cuello.
A largo plazo, esta reorganización forzada del sistema respiratorio modifica la forma del rostro: el maxilar se vuelve más estrecho, la cara tiende a alargarse, el paladar se eleva y la mordida puede abrirse. Vásquez mencionó que esta combinación da lugar a lo que se conoce como “cara adenoidea”, un patrón de crecimiento facial típico en niños que respiran por la boca de manera crónica. Además, cambia la forma de tragar y se altera la oclusión dental, lo que más adelante puede requerir ortodoncia o incluso intervenciones más complejas.
A nivel sistémico, la obstrucción parcial o intermitente durante la noche puede causar una fragmentación del sueño. En otras palabras, el niño no logra entrar en un sueño profundo y reparador. Respira con más esfuerzo, se mueve más, se despierta sin descanso y su cerebro recibe menos oxígeno de lo ideal. Esto tiene consecuencias en su memoria, atención, rendimiento escolar, regulación emocional, comportamiento e incluso en su crecimiento.

A todo ello, se suman otros factores que pueden agravar aún más el problema. “Dormir boca arriba (posición supina) facilita que la lengua caiga hacia atrás y bloquee más la garganta. El sobrepeso y la obesidad también juegan un papel importante, ya que aumentan el tejido graso alrededor del cuello, lo que estrecha las vías respiratorias e incrementa la probabilidad de que el niño ronque o respire mal durante la noche”, indicó la doctora Rodrigo.
Igualmente, la edad del menor es clave. En este caso, el periodo preescolar — entre los 3 y 6 años — es especialmente crítico, ya que es una etapa donde el crecimiento facial y óseo está en plena formación. Por eso, cuanto antes se detecte y trate la respiración bucal, más posibilidades hay de revertir sus efectos y evitar que las alteraciones se “fijen” en la estructura.
Si el problema no se atiende a tiempo, las consecuencias pueden acompañar al niño hasta la adolescencia e incluso la adultez. La doctora Vásquez advirtió que la respiración bucal crónica puede dejar secuelas como maloclusión dental permanente, problemas estéticos faciales, apnea obstructiva del sueño persistente, el riesgo de desarrollar presión arterial alta (hipertensión), problemas cardiovasculares leves si hay hipoxemia crónica, baja autoestima por estética o cansancio constante.
¿Cómo se diagnostica?
Diagnosticar el ronquido infantil no se limita a escuchar cómo duerme el niño, sino que es un proceso completo que empieza con mirar la historia del menor desde varios ángulos. Para la otorrinolaringóloga, el primer paso siempre debe ser una buena historia clínica y un examen físico detallado. Básicamente, aquí se conversa con los padres sobre los síntomas: si el niño ronca a diario, duerme con la boca abierta, si presenta picazón y congestión nasal. Solo con estas pistas iniciales ya es posible sospechar causas como el crecimiento del adenoides, una sinusitis o una rinitis. Y es que —como nos recuerda la especialista— la respiración oral casi nunca tiene una sola causa, sino que suele ser un cuadro multifactorial.
A partir de la evaluación clínica, se pueden solicitar exámenes que ayuden a ver lo que no se observa a simple vista. Entre los más empleados están:
- Endoscopía nasal flexible para ver adenoides, cornetes y tabique.
- Radiografía de cavum para evaluar adenoides.
- Estudios de alergia si se sospecha de una rinitis alérgica.
- Evaluación odontopediátrica/ortodóncica.
- Evaluación orofacial.
“El ronquido infantil requiere de un enfoque interdisciplinario porque involucra estructuras y funciones distintas: vías aéreas, dientes, lengua, músculos, postura y sueño. Cada especialista—otorrinolaringólogo, neumólogo, pediatra, odontopediatra u ortodoncista— identifica y trata un componente clave del problema”, refirió Fátima Ortega, neumóloga y especialista en medicina del sueño de la Clínica Ricardo Palma.
Lo que funciona, lo que no y qué cambios esperar
Cuando se trata de ayudar a un niño que respira por la boca o ronca de manera habitual, lo que realmente funciona depende de la causa detrás del problema. Como señaló la doctora Velásquez, en los niños con congestión frecuente o alergias, los lavados nasales y el control adecuado de los alérgenos suelen ser la base para el tratamiento. En algunos casos, el médico tratante puede añadir corticoides intranasales para desinflamar la mucosa.
Cuando la respiración se ha vuelto un patrón recurrente, la terapia orofacial es una buena alternativa para reeducar la lengua, los labios y las forma en que el niño mantiene la boca en reposo. Si existe un problema estructural, como un paladar estrecho o una mordida alterada, la ortodoncia —ya sea mediante expansión del paladar o el uso de topes linguales— contribuye a crear el espacio necesario para que la vía aérea funcione mejor.

Mientras que, si las amígdalas o adenoides están agrandadas y ocasionan una obstrucción significativa, la solución más efectiva suele ser una adenoidectomía o amigdalectomía. En casos más puntuales, como un tabique muy desviado, se considera la cirugía.
“Una vez que se realiza un diagnóstico adecuado y se opta por el tratamiento idóneo, los cambios suelen ser bastante evidentes. El primero, y el más esperado es que el niño deja de roncar y logra respirar por la nariz sin esfuerzo, tanto de día como de noche. El sueño se vuelve más reparador, por lo que el niño amanece descansado, con mejor humor, mayor atención y menos irritabilidad. Incluso hábitos como la alimentación pueden mejorar: al respirar mejor, el niño come con más calma, mastica mejor y está menos inquieto. Con el tiempo, algo que muchos padres notan sin esperarlo es un cambio en la apariencia: la postura facial se armoniza y los labios se cierran naturalmente”, sostuvo la experta de Clínica Internacional.
¿Cómo favorecer una respiración nasal desde la infancia?
Para favorecer una respiración nasal saludable desde pequeños, las especialistas coincidieron en la importancia de que los padres en casa practiquen una serie de hábitos o sigan ciertas medidas de prevención:
- Priorizar la lactancia materna, ya que fortalece la musculatura orofacial.
- Ofrecer alimentos con diferentes texturas para estimular la masticación.
- Fomentar que el niño mantenga la boca cerrada durante el día mediante juegos o actividades que incentiven la respiración nasal.
- Observar al niño mientras duerme, prestando atención a señales como ronquidos, pausas respiratorias o respiración por la boca.
- Registrar episodios de ronquidos o respiración bucal. Si ocurren más de 3 noches por semana, durante 3 semanas, es recomendable consultar con un médico.
- Controlar alergias y evitar factores desencadenantes, como polvo, ácaros, humo de tabaco y, en caso de sensibilidad, animales en el entorno.
- Mantener una buena higiene nasal, utilizando lavados salinos solo bajo recomendación médica.
- Crear un ambiente sin alérgenos, asegurándose de que el dormitorio esté libre de polvo y ventilado, y lavando la ropa de cama con frecuencia.
- Evitar el uso prolongado del chupón y el biberón, preferentemente antes de los 2 años, para favorecer el desarrollo bucal adecuado.
- Programar chequeos pediátricos rutinarios para detectar posibles problemas de respiración.
Al final, como nos recuerda la doctora Genon Wicina, como padres, lo más importante es no caer en la idea de que “se les pasará con el tiempo”. La mayoría de los niños no superan el ronquido crónico ni la respiración bucal por sí sola. Dormir con la boca abierta no es “normal” ni algo que vaya a mejorar sin ayuda. De hecho, muchos pequeños necesitan algún tipo de intervención y, mientras más se retrasa el diagnóstico, mayores son las secuelas y más largo el tratamiento.
Por eso, reconocer las señales a tiempo no solo mejora el descanso del niño: también protege su salud, su desarrollo y su calidad de vida a futuro.
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