Por Susana Lay

Desde sus años de estudiante, Maritza Pintado Caipa, neuróloga nacida en Tarata, Tacna, conoció el desasosiego que acarrea elegir esta vocación en el Perú. Vivió, además, la desigualdad sexista en el ámbito científico: en lugar de doctora, la llamaban “la dama” o, con condescendencia, “la doctorcita”. Durante sus primeros días del SERUMS, recorrió su región de un extremo a otro. Cruzó quebradas, lagunas, valles costeros y bosques de queñuales. Encontró pueblos donde jamás había llegado un médico. Salvó a un burro de morir de indigestión, hazaña por la que fue remunerada con unas gallinas y un sollozo de felicidad. Una vez le pidieron que deje de atender pacientes, que la urgencia era repartir propaganda en la campaña electoral de un gobernador regional.

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