Por Melvyn Arce Ruiz

En la mesa, los platos dicen mucho de la inspiración detrás de Lagunilla. La dulzura tan característica de las conchas de abanico marca la pauta en su cebiche; el frejol cancate, tan presente en las antiguas mesas iqueñas, aparece integrado con naturalidad en la sartén de arroz al loche; y el cítrico de la mandarina del valle aporta un matiz preciso a las conchitas batayaqui. En cada preparación hay técnica aprendida fuera, referencias a distintas cocinas del Perú y del mundo, pero son los insumos de Ica (desde los de mar hasta los de desierto) los que sostienen el relato. Ese es el sello de Lagunilla, un restaurante que abrió sus puertas en 2018 y que hoy sueña con liderar una revolución gastronómica en una región cuya despensa merece mayor atención.

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