Jueves, 30 de noviembre de 2006
Un Perú para todos


El tema de la inclusión en nuestro país está en todas las conversaciones, foros, seminarios. ¿Está de moda o pasa por reconocer una realidad que no hemos querido o podido ver antes?



Por Cecilia Blume, ex jefa del gabinete de asesores de la PCM

Nuestras preocupaciones como país han variado: el terrorismo, el narcotráfico, la inflación, la falta de inversión, el déficit fiscal, la corrupción, etc. Hoy el asunto es otro: reconocer que en Perú todos no tenemos las mismas oportunidades y muchos peruanos están excluidos del desarrollo y les será muy difícil, quizá imposible, acceder a mejores condiciones de vida. Dicho de otro modo, a un mínimo básico, cuando menos educación y salud.

El último congreso de la Confiep estuvo dedicado a la educación. Reconocer que es a partir de esta que se logrará un Perú para todos y que el crecimiento no se da únicamente por mayores recursos económicos es fundamental. Probablemente este año no tendremos déficit fiscal. Esto quiere decir que lo que gastamos será cubierto por lo que generamos. Ello no sucedía desde hace muchos años. Esta es una oportunidad para pensar serenamente en la distribución del dinero público y, por supuesto, del uso eficiente que debe dársele, considerando antes que nada su 'rentabilidad' social.

Hoy tenemos dinero que no llega a ser usado por las regiones y el año que viene tendremos más. Vienen nuevos gobiernos subnacionales que serán los encargados de administrar los recursos públicos en beneficio ciudadano. Cada vez son mayores las demandas sociales, dado que hoy sí hay recursos, aun cuando sigan siendo insuficientes. Estamos en una situación mejor que hay que saber aprovechar.

Ser inclusivos significa poder reconocer nuestras diferencias, que no son pocas. Ello equivale a ocuparnos de los problemas 'ante'. La pasividad ante la muerte de compatriotas por un friaje que se repite todos los años es una muestra más de que somos un país dividido donde una parte de la población --la que ha tenido educación y oportunidades-- muchas veces mira impasible a aquellos que no tienen acceso a lo básico. El incremento del turismo sexual infantil, que no tiene cuándo acabar, es producto de la pobreza y no tiene respuesta firme por parte del resto del país, que prefiere no ver en vez de unirse ante un problema de niños y jóvenes.

En un país con tantas diferencias es necesario nivelar el piso. Ello nos obliga a invertir en capacidades humanas: salud y educación. Pero para ello el prerrequisito es la infraestructura. Es difícil tener las mismas posibilidades de salud si un gran número de peruanos no tiene agua y electricidad. Conseguir esas condiciones, sin embargo, no será suficiente si los pueblos beneficiados no están dispuestos a compartir, por ejemplo, centros de salud con sus vecinos.

Para lograr la inclusión el Estado y los privados debemos ponernos de acuerdo para mejorar algunos indicadores, con metas claras anuales vigiladas mes a mes y gerenciadas por personas capaces de tomar decisiones. Un pequeño grupo liderado por alguien 'empoderado' por el presidente de la República podría ser útil. Reitero un antiguo planteamiento: que cada ministro tenga a su cargo las necesidades de una región. Tener en el Gabinete un representante hace mucho más fluido cualquier trámite para aquellos que no tienen acceso al poder central limeño.

El reconocimiento de lo que nos sucede y el entendimiento de que no podemos seguir como estamos es importante. Más importante es que esto no quede en la CADE o en la Confiep. Esto es responsabilidad de todos, no solo del Gobierno.





¿Cómo cree usted que se podría defender mejor de la violencia infantil a los niños y adolescentes?
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