Lunes, 27 de noviembre de 2006
Editorial: No perdamos la brújula ante el TLC


Resulta alentador que el presidente Alan García haya puesto ayer paños tibios a las declaraciones de dos de sus ministros que, en la víspera, responsabilizaron al ex mandatario Alejandro Toledo de haber contribuido al actual empantanamiento de la negociación del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos.

Lo peor que podemos hacer en estos momentos --trascendentales y medulares para asegurar mercados a nuestras exportaciones-- es caer en acusaciones mutuas e innecesarias o, como dijo ayer el presidente García, dividirnos entre los peruanos, cuando deberíamos dar un mensaje de Estado frente a un objetivo que es nacional.

Largo ha sido el camino recorrido hasta ahora como para lanzar todo por la borda. Hay que ser coherentes y justos con esa trayectoria, pero sobre todo reevaluar la situación para concentrar la atención allí donde es necesario.

Si Hernando de Soto asegura que la Casa Blanca enviará el texto del TLC al actual Congreso de mayoría republicana, el Perú debería reorientar su discurso hacia los senadores y representantes más relevantes, y acercarse igualmente a todas las instancias que sean necesarias para reforzar las posibilidades de ratificación.

La redefinición de estas estrategias es indudablemente indispensable, y debería verse hoy en el Consejo de Ministros convocado por el presidente para ver este tema. Más aun, es lo que corresponde ahora que el Gobierno ha anunciado que una delegación de ministros viajará a Estados Unidos nuevamente para poner el TLC en el debate.

En segundo lugar, es necesario ubicar la negociación en su real dimensión y reconocer que el empantanamiento actual es producto de una crisis ajena al Perú: las elecciones congresales estadounidenses y los recambios que han originado en el balance de fuerzas internas, entre republicanos y demócratas.

Nosotros, en tanto, dejemos de lado la política del pimpón que nada bueno nos trae, ni personalicemos el tema. Aceptemos que el TLC debe responder a una política de Estado, sin la cual nuestro futuro se torna incierto.





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