Lunes, 15 de mayo de 2006
Bases de datos con nombres, apellidos y hasta propiedades, venden en galerías
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Crimen organizado y delincuencia común figuran entre algunos de los compradores. Vacío legal impide penar el copiado y la venta de información personal-confidencial.



Las galerías de la avenida Garcilaso de la Vega (antes Wilson) guardan sin celos la historia de la piratería. Desde las ya tradicionales copias ilegales del Office 2005, pasando por una película aún sin estrenar, hasta los correos electrónicos del personal de las empresas más importantes del país, no hay algo, que ahí no se pueda conseguir. Lo último que esos apretados puestos de la avenida Garcilaso de la Vega ofrecen sin reparos son las bases de datos de entidades públicas y privadas.

Lo que últimamente ha comenzado a circular como pan caliente son las copias de las bases de datos de entidades públicas, tales como las del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec) y de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat). También copias de Infocorp y los discos donde aparecen las empresas líderes del país.

Llegamos a 'El chino' después de indagar en varios puestos sobre la venta de bases de datos. "¿Qué base de datos?", nos preguntó y soltó una amplia gama de productos por escoger. "¿Cómo qué estas buscando? ¿Reniec, Sunat, e-mails?... También tengo las empresas top del país", añadió. Los precios de los discos van de S/.5,00 a S/.20,00.

"¿Tienes de Infocorp o Registros Públicos?", le preguntamos. Algo fastidiado nos dio un nombre y la dirección de un puesto de otra galería, situada también en Garcilaso de la Vega. En ese lugar, luego de una larga espera, un joven escribió el nombre y el número telefónico de otra persona. Cuando llamamos, respondieron: "Hay una base de Infocorp que está circulando. Te la dejo en tres mil (dólares), pero debes decirme para qué la quieres", dijo. La comunicación terminó ahí.

La base de datos del Reniec que circula es una suma de cuatro discos con nombres completos, números de DNI y direcciones. Voceros de dicho organismo precisaron que es probable que esos discos sean copias de los que entregan a quienes lo solicitan, por ejemplo, el padrón electoral para un personero. "No hay forma de que ellos tengan toda nuestra base de datos".

Otro de los discos más vendidos es el que ofrece los nombres de las empresas más importantes del país. En este disco figuran los nombres de los representantes legales, la composición del accionariado y el monto de las utilidades, además de las direcciones y números telefónicos de estos.

INSEGURIDAD E INFORMACIÓN
¿Quién compra esta información? Las bandas de delincuentes, secuestradores, responden sin tartamudear agentes de la Dirincri. Pero, esta información, en las bandas mejor organizadas, será siempre contrastada con la que puedan obtener desde el interior de alguna entidad financiera o en los Registros Públicos. Un secuestrador detenido en un penal de Lima confió a El Comercio que "los datos de Wilson son verificados siempre. En la base de datos de Reniec se busca la dirección, así empieza una cadena de obtención de datos que concluye con un seguimiento de los movimientos de sus familiares".

Celeste Montoya, jefa del área de soporte de datos de la Dirección de Informática de la Universidad Católica, dice que hay varias formas en las que una base de datos puede salir de la entidad pública o privada. "Puede ser sacada de la red interna a través de la misma gente que tiene acceso a esos sistemas (según la policía, estos casos son los más frecuentes), o a través de intrusos que aprovechan las vulnerabilidades de los sistemas de seguridad", explica y recalca que muchas entidades no cuentan con estrictas políticas de seguridad.

El error, según la especialista, radica en que muchas veces, las empresas no retiran los permisos de acceso a las personas que dejan de laborar en la institución. "Por eso, lo recomendable es cambiar constantemente de contraseña y retirar los permisos inmediatamente alguien deja de trabajar".

PELIGROSO VACÍO LEGAL
Se ha dicho y escrito hasta el cansancio que en las galerías de Garcilaso de la Vega se vende y produce piratería, pero nadie las toca. No hay intervención policial que alcance sus sótanos repletos de discos piratas. Mario Vargas, director de fiscalización de la Municipalidad de Lima sostiene que la mayoría de estos locales tiene licencia en el rubro servicios. Sin embargo, casi todos venden información en MP3 o copias ilegales de programas de computación.

¿Por qué no las clausuran? Vargas responde: "Para clausurar estos locales se debe demostrar primero que los discos que se venden son piratas, o robados, o copiados, y eso solo lo determina un experto de Indecopi". Y mientras eso no ocurra, ellos no pueden cerrar los locales. Es más, ninguno de los más de 800 puestos que funcionan en las seis galerías de Garcilaso de la Vega ha sido sancionado por vender material ilegal. En Indecopi sostienen que la copia de una base de datos no es un delito contra la propiedad intelectual, pues la información de la que se habla "es una recopilación de información y no un producto cuyo diseño haya sido registrado", precisaron en la oficina de prensa de dicho organismo. Hay, pues, un serio vacío legal, no obstante que un juez podría tipificar el hecho como un robo, pero no es así. ¿Cuál es el delito, entonces?

El coronel (r) Carlos Iriarte, gerente del Programa Integral de Seguridad Bancaria (PISB), sostiene que ante el serio vacío legal es recomendable mejorar la legislación actual para que esté acorde con el avance de las tecnologías de la información. "Es necesario que se especifique los delitos y se sancione tanto la comercialización como la adquisición de este tipo de información", sostiene.

Recordó que en el 2004, el PISB presentó un proyecto de ley que precisaba cada delito informático para sancionar a los delincuentes, sin embargo el proyecto todavía no ha sido aprobado por el Congreso.

El 10 de mayo del 2004, El Comercio denunció, a través de varios reportajes, la venta de información personal y confidencial en las galerías de la avenida Garcilaso de la Vega. Nada ha cambiado desde entonces.



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