PUNTO DE VISTA

Psicópatas S.A.

Por Gustavo Rodríguez, Publicista *

Es posible que usted haya visto el documental "La corporación" o haya oído de él. Es una producción canadiense que, entre otras cosas interesantes, ha incluido la provocadora idea de analizar a las empresas modernas como si fueran personas. Este tipo de acercamiento es muy original desde el punto de vista dramático: al reducir a las complejas corporaciones a una escala humana, nos es más fácil notar en ellas sus errores. Sin embargo, conviene anotar que no corresponde a los cineastas canadienses la originalidad de este símil: fueron los hombres de leyes quienes, al designar como persona jurídica a la empresa, le otorgaron muchos de los derechos que usted, como persona común y corriente, también ostenta: comprar, vender, acumular, litigar, entre otros. Pero prosigamos con la comparación del documental. Usted, como simple persona descargada de tecnicismos jurídicos, debe haber escuchado a un amigo exclamarle, quizá en broma, algo parecido a: "¿Estás loco? Anda al psiquiatra, mi hermano". Sin embargo, ¿sería posible recomendarle eso en serio a una corporación? De acuerdo con el documental que he citado, sí es posible. Una de las conclusiones que se sacan de él es que, si la mayoría de corporaciones globales se transformaran por acto de magia en una persona, el individuo resultante tendría el perfil nada halagador de un psicópata: una persona que, con el fin de conseguir obsesivamente su plan de acumulación, es capaz de avasallar, traicionar e incluso asesinar a su entorno y sus semejantes.

En el Perú no he llegado a conocer empresas que, convertidas en personas, pudieran ser psicópatas peligrosos. Quizá se deba a que no las conozco a todas. Lo que sí quisiera confesar es que he conocido algunas que, de ser personas, no me gustarían que fueran parte de mi entorno. Ni siquiera vecinos de mi barrio. Muchas de ellas me recuerdan a esos personajes que hacen fila para comulgar en la misa dominical, mostrándose piadosas y generosas en público pero que, al regresar a casa, tratan a su servicio doméstico como personas de tercera clase. La mayoría de ellas son empresas que dicen ser socialmente responsables por el solo hecho de hacer donaciones a causas humanitarias, o solo porque reciclan su basura. Ser una empresa socialmente responsable es más que eso, de la misma manera en que ser una persona íntegra supone mucho más que donarle cada año a la Teletón. Una empresa que practica la famosa responsabilidad social debería ser parecida a como es una persona valiosa para la sociedad: alguien que respeta a todos los actores que tienen contacto con ella. Tiene que ser responsable al diseñar el contenido del producto o del servicio que brinda. Tiene que respetar a sus consumidores --y a quienes no lo son-- cuando publicita sus productos. Tiene que ser justa y solidaria con todos sus trabajadores. Tiene que ser íntegra con sus proveedores y ni siquiera debe pensar en maltratarlos cuando tiene la sartén por el mango. Tiene que ser respetuosa de las leyes y no debe alentar las malas conductas de las autoridades. Tiene que respetar el medio ambiente e, incluso, mejorarlo con su accionar. Es todo un compromiso, ¿verdad? Una persona no es íntegra por el mero hecho de haber anotado en su agenda "portarse bien los viernes por la tarde". Lo es porque así ha decidido serlo en todos los aspectos de su vida.

Lo mismo ocurre con las empresas sanas. Ser socialmente responsable no es una meta: es una forma de vida. ¿Es así como se comporta su compañía? En otras palabras: si la empresa en la que usted trabaja fuera una persona, ¿la llevaría con orgullo y alegría a cenar con su familia?

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