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Martes, 24 de enero de 2006
Ejecutivas: "Yo me enamoré de mi esposo y también del mercado de valores"

ENTREVISTA 4 CARMELA DE MARROU
A los 14 llegó a una familia en la que las sobremesas eran acaparadas por un solo tema: el mercado de valores. Hoy preside la empresa que registra toda operación hecha en la BVL



En 1906 fue fundada Marrou-Martínez Asociados, la agencia de bolsa con más años que ha tenido el Perú. En 1959, Estuardo, el hijo del dueño de la agencia, le declaró su amor a la adolescente Carmela Sarria. Desde entonces, jamás se separaron.

No solo construyeron un hogar, ella terminó sumergiéndose en el tradicional oficio de la familia. En realidad, ella ha hecho mucho más. Carmela de Marrou se ha hecho de un nombre en el mercado bursátil nacional.

Usted terminó el colegio y no estudió nada. Se casó a los 21. Hoy tiene 60 años y es la presidenta del directorio de Cavali. ¿Cómo hizo?
Los dos primeros años después de haber salido del colegio me dediqué a las obras sociales. Casi de manera accidental la hermana de mi enamorado me propuso que trabajase con ella en la oficina de su papá. Así fue que entré al mundo de los valores: me fascinó, y desde los 18 años estoy metida en esto.

¿Cuál fue la primera ocupación que ahí tuvo?
Mi primer cargo fue el de secretaria de valores en la oficina Marrou y Compañía. Trabajé hasta que me casé: una época dedicada a los valores y otra dedicada al corretaje de inmuebles, pero lo que a mí me encantaba eran los valores.

Durante los primeros años de matrimonio nos fuimos a Estados Unidos. Al regresar no me reintegré al trabajo: mis hijas estaban chiquitas, pero lo que sí hice --conforme ellas fueron creciendo-- fue apoyar a mi esposo: visitaba clientes, conversaba con ellos, veía sus carteras de inversiones. Jamás me desconecté del tema, además, mi esposo era agente de bolsa y yo lo ayudé en su oficina hasta el 85, año en el que falleció su socio. Entonces le pedí que dejase el manejo de la oficina bajo mi responsabilidad. Así fue que formé la Sociedad Corredora de Valores Marrou-Martínez Sociedad Anónima, una de las primeras sociedades anónimas en el mercado de valores.

¿Por qué le pidió eso?
Porque la otra alternativa era que cerrase la oficina, pues él estaba muy dedicado a su labor como profesor y rector de la Universidad del Pacífico.

¿Y cómo fue que una chica sin estudios llegó a conocer tan bien el tema?
En tantos años de trabajo aprendes a conocer tu mercado, a tus potenciales clientes, a las empresas importantes: sus proyectos, cuáles son sus perspectivas de crecimiento a fin de que tus clientes puedan invertir en ellas. Ese manejo, definitivamente, lo aprendes en el tiempo.

¿Cómo fue ese aprendizaje?
En la casa de la familia Marrou se habla del mercado y de la bolsa como sobremesa; y yo, desde los 14 años, vengo oyendo hablar del mercado de valores, un tema que además me fascinó: porque yo me enamoré de mi esposo y me enamoré del mercado. Fue realmente una suerte el haberlos encontrado.

Se enamoró de él a los 14.
Yo estaba en el colegio, en cuarto de media, y después de salir y trabajar dos años con los Traperos de Emaús y en la Cruz Roja, se me presentó la oportunidad de trabajar en la oficina de su papá, y para mí fue interesantísimo.

Y para 1985 ya se sentía plenamente preparada para manejar una sociedad corredora de valores.
Por supuesto. De lo contrario no hubiera asumido esa responsabilidad.

¿Cuál fue la reacción de su esposo? ¿Le puso algún pero?
No, porque él conocía mi línea de comportamiento, que es lo más importante en el mercado de valores. Me fue muy bien, y la vendí el 91.

¿Cómo reaccionó la familia Marrou? Se trata de una familia que se dedicaba a ese rubro desde comienzos del siglo pasado.
Claro, pero en ese momento ya prácticamente no quedaba ninguno de ellos en el mercado. Más bien, esa fue una forma de preservar el apellido Marrou en la bolsa, así fuese a través mío: es por eso que siempre lo quiero usar, por eso yo soy Carmela de Marrou.

Ahora entiendo.
Es un apellido bursátil.

Y le debió haber pesado a la hora de ofrecerse a hacerse cargo de la compañía.
Así es. Y fui muy cuidadosa: no solo en mi comportamiento, sino también en el de mis empleados; y tras vender mi sociedad agente de bolsa, regresé al mercado el año 94, cuando me llamó el Interbank para que reorganizase su sociedad (hoy llamada Centura SAP). Una vez que lo hice, el Interbank me encargó la gerencia general: la manejé durante cuatro años, hasta que transferí esa gerencia, pues ya tenía la presidencia del directorio de Cavali.

Me ha dicho que para su ingreso al mercado de valores su mayor respaldo fue su línea de conducta. Al ser el mercado de valores tan sensible al manejo político, dígame: en sus más de tres décadas de experiencia, ¿cuál ha sido el acto más irresponsable que lo haya afectado?
La estatización de la banca --el 87-- dejó prácticamente paralizado el mercado de valores. La desconfianza que se creó fue tremenda: el inversionista necesita reglas muy claras y estables para poder confiar.

Por ejemplo, este es un buen momento económico: durante este gobierno ha habido un buen manejo económico, nos ha beneficiado la situación mundial de los precios de los metales, pero eso no basta: porque podemos estar muy bien pero, si existe la posibilidad de que las reglas cambien en el próximo gobierno, simplemente retiras tus inversiones a lugares más seguros.

Los capitales se mueven de acuerdo con la conveniencia de los ahorristas, porque no solo la gente rica puede invertir en bolsa. En realidad, todos deberíamos hacerlo: en los mercados que más se han desarrollado -en México, Brasil y en el principal: Estados Unidos- la gran mayoría de ciudadanos tiene sus ahorros puestos en bolsa, puesto que sabe que es seguro y que, en esos países, las empresas se están desarrollando permanentemente con tranquilidad.

¿Por qué aquí carecemos de esa cultura?
Se han dado grandes pasos: las privatizaciones ayudaron bastante a difundir lo que es el accionariado gracias al gran número de acciones que se puso a disposición de pequeños ahorristas. Es importante que se promocione el mercado, que se dé a conocer sus bondades.

Hace falta un ciudadano más informado.
Definitivamente.

¿Cómo nos ve? Somos más bien simplistas, ¿no? Nos conformamos con guardar el dinero en el banco o debajo del colchón.
Es lo más fácil. Pero si, por ejemplo, uno quisiese diversificar su portafolio a través de fondos mutuos, para ello no necesariamente tendría que contar con un gran capital. Este es un tema que felizmente --desde comienzos de los 90-- se viene diversificando: ahora hay capitales de riesgo, hay otros de menor riesgo, hay diversas formas de invertir en el mercado. Lo que se necesita es más difusión: la alternativa de la libreta de ahorros no es la mejor.

¿Cómo nos informamos?
Las sociedades agentes de bolsa son el camino indicado.

Estamos ad portas de unas elecciones presidencial, el mercado de valores está reaccionando...
Es muy sensible, y ante la incertidumbre de 24 candidaturas, y ante que aún no hayamos escuchado los programas económicos de estos candidatos, el mercado está retrayéndose un poco (la entrevista se realizó dos semanas atrás), pero debemos confiar en que próximamente estos candidatos den a conocer sus planes de gobierno para que así la gente pueda escoger cuál es el futuro que quiere para este país.

Obviamente, al mercado le importa poco si tenemos congresistas que cobran escolaridad sin tener hijos o que la cobran igual pese a que sus hijos hace rato que dejaron las aulas. Al mercado no le importa la moral.
Lo que busca el inversionista es que las reglas que dé el Congreso sean estables y claras; y es fácil dar confianza cuando se tiene una buena línea de gobierno.
Es eso lo que necesitamos para nuestro país.



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