CINE

Seduciendo a un extraño

Por Ricardo Bedoya

Nota previa: El que no haya visto aún Seduciendo a un extraño que no lea este artículo. No hay forma de dar cuenta de la dimensión del desaguisado sin revelar la sorpresa final, es decir la identidad del criminal, aunque sea posible intuirlo sin mayor dificultad a los quince minutos de proyección.


Como siempre en esta época del año, entre mayo y septiembre, que corresponde al período que va entre el fin de la primavera y el inicio del otoño en el hemisferio norte, la cartelera se llena de franquicias. Es decir, de secuelas, continuaciones, prolongaciones y alargues, mejor clonaciones, de los éxitos de la temporada anterior. Son las películas primaverales o veraniegas, desde El hombre araña hasta Shrek, pasando por Piratas del Caribe y Los cuatro fantásticos. Y hay más. Cintas cuyo único propósito es ayudar a vender el merchandising -el que recién sale de fábrica y los saldos del año anterior- que agrupa por igual juguetes, polos y hamburguesas.
Es un cine raquítico, programático, formulario, calcado al infinito de un modelo invariable, indigente desde el punto de vista de la originalidad, nulo desde el de la creatividad, concebido para durar dos semanas y ser olvidado para siempre, indistinguible, incapaz de interesar de verdad, emocionar en serio o entretener con consistencia a nadie que mire las cosas con un mínimo sentido crítico.
Es, sin embargo, el cine que repleta las pantallas y colma las salas, dejando sin espacio a lo demás.
Hay dos estilos de películas veraniegas. Uno es el de la secuela desvergonzada, de superhéroes, animación o aprendices de hechiceros, hecha a imagen y semejanza de la anterior en el supuesto que su espectador es poco menos que un niño fascinado por la repetición casi ritual, jaculatoria, de la misma historia con mínimas variantes. El otro estilo es el de la película dirigida a un auditorio de adolescentes -las comedias de iniciación sexual o los romances de high school- o de adultos jóvenes, que se identifican con los thrillers o con dramas de pasión sexual, ya que los "dramas humanos" van para el Oscar y se estrenan a fin de año.
Las cintas del segundo estilo también son secuelas, pero enmascaradas, embozadas, vergonzantes.
Es el caso de Seduciendo a un extraño que es la variación enésima del "high concept" formado por el cruce en algún programa informático de elaboración de guiones de las tramas de La red, Sliver, Instinto básico, Cuando llama un extraño y decenas de cintas más con criminal supuesto, periodista obsesiva, chat sexual, chantaje criminal pero, sobre todo, información oculta y revelada en el momento culminante.
Se está convirtiendo en una exigencia, o mejor en un lugar común, culminar las tramas de suspenso con una voltereta de la fortuna, un trueque de identidades, una sorpresa que convierte al sospechoso en pulcro ciudadano y al investigador en homicida. No importa si eso trae abajo cada uno de los elementos de la intriga expuesta, la lógica misma de la narración, la motivación de los personajes, los gestos de los actores que los encarnan, la continuidad de las acciones que han orientado el relato y conducido la narración hasta ese punto. Nada importa. Es casi un género en sí mismo: el de la revelación artera.
Podría ser gracioso si no fuera idiota. En una escena de la película, Halle Berry entra al departamento de un amigo que, de pronto, se convierte en potencial homicida, en el principal sospechoso del crimen que investiga. Está allí, retratado en fotos íntimas, teniendo relaciones sexuales sadomasoquistas con la víctima del asesinato. La está casi estrangulando, como parece haber violentado a muchas jóvenes más. Halle se estremece, suda, teme, siente el aliento del asesino, se siente acosada y traicionada por su socio de la investigación, busca indicios que parecen dar razón a sus sospechas. La cámara nerviosa nos identifica con Halle, con su mirada de inocente aterrada y con su tensión por encontrar la verdad. La música es insistente y obsesiva, la que corresponde a la marcación de ese momento al parecer culminante.
Pero todo es mentira porque en el último minuto sabremos que Halle es la asesina. ¿De qué se asusta entonces, si su hallazgo es más bien un ampay de los gustos sexuales particulares del amigo?
La narración mintió, la puesta en escena mintió y Seduciendo a un extraño es una película farsante.