Lunes, 26 de marzo de 2007
La pasión de un curioso


HERENCIA PERIODÍSTICA.Racso era Óscar Miró Quesada, pero al revés. Sus cambios radicales iban más allá: pasó de estudiante de leyes a amante de la ciencia. Reconocido divulgador de avances científicos y tecnológicos, a 25 años de su muerte, su legado reclama una mirada.

Por Mayra Castillo

Amar a la raza humana requiere dosis de sabiduría y experiencia. Óscar Miró Quesada de la Guerra condensó sus ideas, obsesiones y miedos en una sola imagen. La huella de Neil Amstrong sobre la luna pálida, para la posteridad. "Me siento orgulloso de ser hombre", dijo ante esta imagen del televisor, en 1969. Si los poetas miran los astros para comparar su salvaje belleza con los ojos del deseo, Racso veía en ellos universos desconocidos que no soportaba tener tan lejos. Tan cerca.

Abogado desencantado, curioso impenitente, matemático y físico de corazón, Racso nació en Lima un 30 de julio de 1884. Un año convulso en que las tropas invasoras de Chile abandonaban la capital. ¿Cuánto lo marcó este capítulo de la historia? Poco se sabe, pero su notable hijo, Francisco Miró Quesada, cree que Racso jamás hubiese querido vivir en el pasado. "Eso de que 'antes todo fue mejor' no iba con él. Qué maravilla el futuro, me decía". Antes de ser reconocido mundialmente, Racso se dedicó a labrar un alma de renacentista: Estudió de todo.

Desde pequeño demostró ser buen estudiante bajo la dirección de Agustín T. Whilar. Y ya de adolescente, ingresó a la Universidad Mayor de San Marcos, con un interés inicial en la medicina. Al adquirir el grado de bachiller (1908) y el de doctor en Letras (1910), pensó que el camino natural era el de la abogacía. No obstante, su espíritu libre se desencantó por completo de las leyes. "El único caso que tomó fue el de una comunidad indígena a la que le querían robar sus tierras. Los defendió ante una minera, pero de ahí nada más", recuerda don Francisco. Fue catedrático de Sociología (1910-1911), de Pedagogía (1912-1914) y de Derecho Penal (1915-1917). Para coincidir con su espíritu curioso, también inauguró las enseñanzas de Criminología, en 1918. En los archivos es fácil encontrar cómo investigó el caso policial de Montes, el empleado de una pareja de ancianos ricos. El humilde trabajador que por años respondió con respeto a sus patrones, de pronto decidió matarlos. Aunque la policía lo capturó con facilidad, el hombre en cuestión se negaba a contestar las preguntas de los agentes. Hasta que Racso intervino y se le ocurrió traer a una persona que hablara quechua. Montes recién reconoció que era el asesino.

Su afán por estudiar y entender el mundo que lo rodeaba lo llevó a Europa. En 1927 se apartó de la enseñanza, pero siguió manteniendo vínculos con El Comercio. El periodismo lo llevaba en la sangre. Enviaba artículos en los que se detectaba su interés por la filosofía, los avances tecnológicos, la física. Refugiarse en ello le permitió sobrellevar la aguda tristeza de haber perdido a su esposa muy joven. "Cuando murió mi madre, Josefina Cantuarias, yo tenía 10 años y él no se repuso por varios años", añade don Francisco. Felizmente, su juventud le permitió curarse. Luego, Racso se casó con la señora Rita de la Fuente, con quien tuvo a Alfonso y Martha.

"Como padre fue maravilloso, un hombre liberal que me dio las llaves de la casa desde chiquillo. Me enseñó a ser responsable, a querer el estudio", concluye don Francisco.

LA CARTA DE EINSTEIN
Muy pronto el nombre de Racso había traspasado el ámbito académico. La prensa lo reclamaba como el cultor de una nueva especialidad: el periodismo científico. Tomás Unger, seguidor de Racso y sus enseñanzas, lo considera un pionero de la carrera en América Latina. "Fue uno de los primeros en tratar de explicar cosas científicas para el gran público. La divulgación científica había comenzado con Asimov, pero Racso lo hizo para América", comenta.

Unger lo recuerda cruzando los pasillos de El Comercio, allá por los años 80. Pocas veces se atrevió a interrumpirlo para comentarle que seguía sus pasos. Unger leía sus artículos desde muy niño y asegura que muchos se dedicaron al estudio de la física y las matemáticas gracias a él. Con claridad y ejemplos cotidianos demostró que la ciencia era algo que nos debía interesar. "Cuando en las universidades no se enseñaba la Teoría de la Relatividad, Racso publicó en El Comercio una serie de divulgación científica sobre el tema", concluye.

El capítulo es harto conocido, pero no por ello menos memorable. A los 50 años, Racso recibió un libro enigmático sobre la Teoría de la Relatividad y las cuanta, que Einstein había redactado con su asistente y físico polaco Leopold Endfeld, en 1938. Sus estudios de matemática y física ya estaban bastante avanzados --a pesar de haberse iniciado tardíamente-- y lo primero que hizo fue tratar de divulgar lo que iba entendiendo. Un amigo le dijo que Einstein sabía castellano y que podía interesarle saber que en el Perú alguien se dedicaba a difundir sus teorías. Racso era tan humilde que rechazó el pedido diplomáticamente: "Qué los va a leer", dijo. El amigo no se contentó con ese arranque de modestia y los mandó por su cuenta. Un mes después llegó la respuesta. La carta provenía del Instituto para Estudios Avanzados de la Escuela Matemática de Princeton, en Nueva Jersey, donde el célebre científico dictaba cátedra. "Me he quedado sorprendido de que un diario ofrezca a sus lectores una exposición tan detallada y precisa sobre un tema científico", decía Einstein en alemán. Este espaldarazo tuvo consecuencias. Racso alcanzó fama internacional y fue considerado un sabio.

En la misma línea, buscando artículos suyos, puede encontrarse discusiones tan exquisitas como insólitas. Está "El problema de la cuadratura del círculo" (1953). Al final concluye que es imposible encontrarle solución. Al año siguiente asistió a la primera función privada de un nuevo aparato que amenazaba con revolucionar nuestra vida: la televisión. "Es una obra maravillosa", dijo entonces. Con la misma pasión con que sus ojos seguían sorprendiéndose ante el futuro (lugar en el que hubiese querido vivir, más o menos en el año 3000), Racso se sumergía en problemas filosóficos del hombre moderno. Su lenguaje sencillo hizo que personificara la metafísica como una mujer con aire de Minerva. Y el existencialismo con rostro de Jean Paul Sartre, en primera persona.

Francisco y Óscar Miro Quesada, sus hijos, estudiaron Filosofía y Oncología, respectivamente. Don Paco se emociona al recordar el momento en que le anunció a Racso, su padre, que estudiaría Filosofía. "Siempre lo supe, pero no quería decirlo para no forzarte. Estoy muy feliz", le dijo. Adelantado a su época, Racso creía en la igualdad de derechos para hombres y mujeres, y su biblioteca tenía de todo, incluso un volumen del polémico informe Kinsey sobre sexualidad femenina.

En todos sus artículos se distingue claramente su afán optimista, como el que lo impulsó a escribir 33 entregas sobre los reactores y la energía atómica, algo que a primera impresión nos remite a la destrucción, la guerra y el dolor. "El reactor es, por ahora, la conquista máxima obtenida por la ciencia, pues este aparato es el que permite usar la energía atómica para fines pacíficos, poniéndose a disposición de la humanidad", señalaba Racso.

Hoy, 25 años después de su fallecimiento, quedan en el papel las pruebas de que el periodismo es algo más que la información vertiginosa del día. Es cultura y difusión científica. "El Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPÉN) reconoció a Racso poniéndole su nombre al Centro Nuclear de Huarangal, pues creemos que su gran aporte fue incentivar a jóvenes (hoy científicos notables) con sus artículos de actualidad que mostraban el camino de la ciencia", afirma Modesto Montoya, presidente del IPEN. Las nuevas generaciones dirán si el legado de Racso sigue vigente.

Más datos
Obras eternas
"Elementos de geografía científica del Perú" (1919)
"Breves apuntes de mesología criminal peruana" (1923)
"Lo que es filosofía" (1934)
"Psicoanálisis y perfeccionamiento individual" (1937)
"Los misterios de la astronomía" (1941)
"El número y la realidad" (1944)
"Nueva imagen del mundo físico" (1958)

Más información
4La Televisión explicación inicial
4El Señor existencialismo interviene
4Las matemáticas y las profesiones
4
Carta de Alberto Einstein





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