Comentario del editor: ¿Qué piensan hacer ahora el fujimorismo y su grupo político?

"El ex presidente Fujimori pretende que la justicia chilena se trague el sapo de su coartada"

Por Juan Paredes Castro

Probablemente a partir de hoy el fujimorismo se dividirá entre quienes vestirán de luto por lo que han perdido y quienes sanarán su conciencia asumiendo que si ya fueron engañados tantas veces ya no pueden serlo más.

La legendaria y aguerrida defensora del ex presidente, Martha Chávez, se inscribiría en este último grupo, probablemente renunciando a su militancia. Hasta donde la conocemos, no estaría dispuesta a vestir de luto como una expresión de viudez política. Preferiría ser más coherente: ya no seguir siendo objeto de una nueva burla después de la que vivió en carne propia como candidata presidencial abandonada a su suerte.

En cambio, a la legisladora Luisa María Cuculiza parece dolerle profundamente la decisión de Alberto Fujimori de postular al Senado japonés, alejándose automáticamente de cualquier compromiso presente y futuro con la política peruana, desde la cual decía servir al bienestar general de sus "compatriotas". Cuculiza lo alude diciendo simplemente "que le vaya bien", pero lo dice con un dolor contrito, digno del duelo que empieza a llevar por dentro, aunque no creemos que su viudez política le dure demasiado.

Lo peor de todo, para el fujimorismo, no comienza ahora.

Sus mayores desbandes no van a darse en el cogollo del partido representado en el Congreso. Allí todos son obligados servidores o aliados tácticos de Fujimori. Le durarán hasta la muerte. Habrá por lo tanto dolorosas viudeces políticas y mil razones, no importa cuán absurdas, para intentar justificar la nueva decisión del ex mandatario. No faltará quien diga, desde las entrañas del fujimorismo, que, efectivamente, nada será tan bueno para el Perú que el futuro desempeño senatorial en Tokio de quien entró a Chile con pasaporte peruano y pretende salir con otro japonés.

El mayor desbande del fujimorismo se dará en aquellos seguidores que le profesaban cierto buen recuerdo por su defensa del principio de autoridad, que ahora estamos aprendiendo a concebirlo mejor en plena democracia y sin la necesidad de invocar tutelas autoritarias. Y también entre quienes vivían de su asistencialismo y de creerse el cuento aquel de "honradez, tecnología y trabajo". La careta que Fujimori se ha quitado ayer descoloca una vez más a sus seguidores y los deja girando en cintura en una pirueta que él mismo no sabe adónde lo puede llevar.

Tanto puede ser elegido senador como no. Y si lo fuera, su proceso de extradición no tendría que interrumpirse, pues la justicia chilena está juzgándolo como peruano y no como japonés, con el grave riesgo de que a contrapelo de ella, el gobierno de Michelle Bachelet pudiera optar por entregarlo a Japón antes que al Perú.